Estamos en otro ciclo de buenos precios para el cobre y otros metales. Esto ya es una noticia conocida: el cobre y el oro hoy bordean máximos históricos, superando los 4,3 dólares la libra. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría hace quince años, cuando estábamos en el peak del último superciclo, estos precios no están impulsados por un auge de la demanda global ni por el crecimiento económico, sino por una combinación más frágil: interrupciones productivas, trabas regulatorias y una oferta limitada que se ha estancado por años.
En el ciclo anterior, la economía mundial se expandía con fuerza y después de la crisis del 2008 los precios siguieron subiendo. La demanda de cobre aumentaba al ritmo del crecimiento urbano y de la electrificación en China, que llegó a consumir cerca del 50% de la producción mundial. En este nuevo ciclo, en cambio, el impulso proviene de una oferta restringida, del uso de los commodities como refugio financiero, de la guerra comercial y de las disrupciones en las cadenas de suministro.
Por otro lado, en 2025 los bancos centrales han comprado más de 1.100 toneladas de oro —más del doble que una década atrás— buscando resguardo ante un mundo fragmentado y lleno de tensiones geopolíticas. Esta vez, el cobre, el oro y otros metales, en vez de sostenerse en las “buenas razones” —el crecimiento y el bienestar—, lo hacen en la incertidumbre y la inseguridad.
Así las cosas, aunque los precios sean altos, no estamos ante el mismo escenario. Estamos arriba más por las “malas razones”, y, por lo tanto, las bajadas pueden ser más bruscas y sorpresivas que las típicas de un ciclo de precios.
Chile vive además un momento incierto. A días de una elección presidencial, el país enfrenta un punto de inflexión político y económico que también influye en la confianza de largo plazo. La definición del rumbo que tomemos —en materia de inversión, institucionalidad y política minera— puede marcar la diferencia entre aprovechar o no este nuevo ciclo.
En la medida que la política y la economía se vuelven más volátiles, la minería chilena vuelve a situarse en el centro de la conversación sobre desarrollo. No solo por su peso en las exportaciones, sino porque refleja con claridad la paradoja del país: precios favorables, pero una capacidad de ejecución trabada. En otras palabras, el cobre también refleja el ánimo de un país que duda de sí mismo justo cuando el contexto externo le ofrece una nueva oportunidad.
En tiempos de bonanza aparente, la tentación de confiar en los precios o en la inercia del ciclo puede ser grande. Pero este contexto exige algo distinto: visión de largo plazo, disciplina estratégica y capacidad de adaptación. Las empresas que aspiren a liderar serán aquellas que desarrollen una cultura firme frente a la volatilidad, se concentren en aquello que pueden controlar (La disciplina operacional y los costos) y se preparen para escenarios cambiantes.
El cobre puede mantenerse alto por un tiempo, pero no podemos confiarnos. Todo ciclo termina, y la madurez consiste en saber gobernarlos mejor. El verdadero desafío para Chile —y para su minería— no es disfrutar del viento a favor, sino aprender a navegarlo: recuperar la capacidad de crecer, innovar y ejecutar con convicción nuestra vocación de país minero moderno.
No puede ser que Chile cierre 2025 con una producción cercana a 5,6 millones de toneladas por décimo año consecutivo. Sin nuevos proyectos, sin mejoras en los permisos y con leyes del mineral en declive, el país corre el riesgo de desaprovechar esta ventana.
Y, sin embargo, este nuevo ciclo también puede ser un punto de inflexión. Si no olvidamos las lecciones del pasado, si fortalecemos la institucionalidad y apostamos por innovación para controlar los costos y la sostenibilidad, el cobre puede volver a ser símbolo de un mejor futuro independiente de la etapa del ciclo en que estemos. No queremos un futuro uno dictado por la suerte del mercado, sino uno que sea fruto de nuestra capacidad de hacer las cosas mejor. El precio hoy nos da una segunda oportunidad: aprovecharla con inteligencia será el verdadero signo de progreso.
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El fuerte desempeño del cobre y los metales preciosos, impulsado por la incertidumbre global, tasas reales más bajas y restricciones de oferta, contrasta con la debilidad del petróleo y la energía. https://t.co/nbIF0PrHYC
— Ex-Ante (@exantecl) December 24, 2025
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