Al Pacino, en la película “El Abogado del Diablo”, en su papel del demonio concluye la escena final con esta línea que me quedó grabada: “La vanidad, mi pecado favorito”. Mira a la cámara y se sonríe, sabe que gracias a la vanidad la historia se repite, dándole la oportunidad de meter su cola y corromper las relaciones humanas.
En abril del 2025 los Republicanos y José Antonio Kast no tenían previsto estar a cargo de gobernar Chile. Pudieron haber participado en una primaria, pudieron tener una lista parlamentaria única, pero no quisieron. Su frase era “no necesitamos mayoría en el parlamento”. Su afán era hacer crecer su base, aun cuando eso significara reducir las posibilidades de gobierno efectivo de su sector, porque ellos no tendrían que gobernar. Eso se veía como un problema de Chile Vamos.
Esa temprana arrogancia de Republicanos tiene hoy al gobierno negociando con el populismo del PDG. El presidente Kast unge así, como interlocutor válido a Parisi, quien, ufano, se dedica a dar entrevistas repentinamente resucitado de la derrota estrepitosa que tuvo en octubre pasado. En lugar de ayudar a generar una oposición más responsable, estable y constructiva, dándole ese rol de interlocutor al PS, al PPD, el presidente ha optado por fortalecer a quienes pueden ser su némesis si las promesas de “reconstrucción” se demoran.
Este es un error no forzado. Porque el riesgo más grave de que al gobierno le vaya mal con sus reformas no es que volvamos al péndulo de la izquierda, es que la gente se aburra del fracaso de los partidos estables y formales, y escuche el canto de sirena de Pamela Jiles, de Parisi o Jadue.
En el segundo proceso constituyente, darse unos gustos para su público, llevó a Republicanos a fracasar y perder también estrepitosamente. Los traicionó su vanidad.
En el proyecto emblema del gobierno se ven señales parecidas. Sentirse dueños con la iniciativa legislativa, no es lo mismo que salir victoriosos del Congreso y, muy importante, tampoco es seguridad de nada si no logran un acuerdo estable.
Veo varios problemas, ideas que, si no se cambian o eliminan, pueden poner en riesgo todo. Son errores no forzados que, si se mantienen por porfía, harán muy dura la discusión y serán difíciles de defender.
Hay más, pero destaco los siguientes:
Esto abre una puerta poco sana, que hará difícil en el futuro defender la integridad del sistema. Que además la propuesta no tenga límite y permita no pagar IVA al comprador de un departamento de UF 30.000 en Vitacura tampoco ayuda a la defensa y le regala argumentos a quienes dicen que el proyecto es para los ricos.
La administración estatal de un sistema de proyectos que hay que negociar y llevar a escritura pública, por el equivalente de construir un par de edificios de departamentos, no tiene sentido.
En el caso de proyectos nacionales que haya estabilidad del global complementario tampoco se entiende, porque rara vez son personas naturales las que llevan a cabo grandes proyectos ¿Quién va a tener la invariabilidad esa? ¿Va a haber que llevar un FUT especial para esas utilidades?
Para los nacionales, además, el problema es que la seguridad no existe si no hay tribunales a los que recurrir de forma efectiva. Si en unos años en Chile cambian la ley y desconocen la invariabilidad, ¿Voy a pelear 15 años para tener un fallo en tribunales chilenos? Un país que cambia así la ley puede también hacer lo que quiera con los tribunales.
La invariabilidad de 20 años del DL 600 tenía sentido para grandes proyectos (artículo 11 bis), para los demás era mucho más corta. Lo cual es lógico porque los proyectos más chicos se evalúan en plazos cortos. ¡Se proponen 25 años para todos! Esto amarraría las manos de 6 ministros de Hacienda que van a odiar a Jorge Quiroz.
El gobierno se jugará su éxito o fracaso económico en su capacidad de lograr pronto mayor crecimiento, más y mejor empleo. Eso dependerá de la confianza para invertir, y no hay mayor creador de confianza que los acuerdos políticos amplios y estables.
El proyecto de ley tiene errores no forzados que son fáciles de corregir, lo que ayudaría a lograr acuerdos con sectores más confiables que el PDG. Ojalá el gobierno no caiga en el error, en el vano orgullo, de enamorarse de propuestas para su base, cuando estas no son lo central. El diablo está siempre allí, esperando el momento.
Si quieres leer más columnas de Ricardo Escobar Pincha Aquí
Ver esta publicación en Instagram
Publicaciones relacionadas
Elmer Cuba, exsocio de Macroconsult y exdirector del Banco Central peruano, cursó un magíster en la Universidad Católica de Chile, donde dice a Ex-Ante que sus “mejores profesores de la UC fueron Vittorio Corbo, Felipe Larraín y Rodrigo Vergara”. Y recordó un curso de econometría que Jorge Quiroz fue a dictar a Lima, Perú.
El guerrero cultural piensa, implícitamente, que el ciudadano es menos inteligente que él. Esa presunción lo lleva a convencerse de que posee la capacidad para transformar el pensamiento de los demás. A los ojos de estos sujetos, la ciudadanía sería una especie de rebaño influenciable, presa fácil de quienes buscan persuadirlos sobre cómo hay que […]
Si la preocupación es profundizar el mercado de capitales y mejorar el desempeño empresarial, la agenda debe avanzar hacia mecanismos que fortalezcan el valor del directorio como garante de confianza frente al mercado.
Salvo por los tópicos y la jerga de este tiempo, el documento del congreso suena arcaico. La perspectiva que ofrece como novedosa está emparentada con el rudimentario anticapitalismo del FRAP en los años 50 y la Unidad Popular en los 60 y 70. ¿Qué idea tienen los líderes del FA de lo que es un […]
No son el problema: son la semilla que multiplica. Cautelar a quienes poseen grandes empresas no es favoritismo, es responsabilidad. Si queremos un país próspero, debemos proteger el entorno que permite que la riqueza se cree, se mantenga y se reinvierta.