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Tasa Máxima Convencional: de las buenas intenciones a la realidad del crédito. Por Nancy Silva

PhD en Economía y exdirectora general de Estudios de la CMF

Revisar la Tasa Máxima Convencional podría mejorar la oferta. Sin embargo, hay un problema de demanda que no está siendo abordado y que debe estudiarse. La discusión debe evolucionar desde el control de precios hacia una comprensión integral de las barreras crediticias, atendiendo a las particularidades de cada segmento de mercado. La TMC, por si sola, no es una bala de plata.


La Tasa Máxima Convencional (TMC) nació como una muralla ética contra la usura. Es, en esencia, una convención que fija el límite superior para el costo del crédito en Chile, y se aplica no solo a las instituciones bajo el perímetro de la CMF, sino a cualquier contrato privado entre partes. Sin embargo, a poco más de una década de su última gran reforma, el balance entre protección del cliente e inclusión financiera muestra grietas que requieren una revisión libre de dogmas.

El concepto de usura en Chile es tan antiguo como el Código Civil. La ley 18.010 de 1981 introdujo el mecanismo de cálculo basado en el interés corriente (tasa promedio) de mercado que conocemos hoy.

En 2013, la tasa máxima de los créditos hasta UF50 rozaba el 54%. Estos niveles alimentaron una discusión política centrada en el sobreendeudamiento, por lo que la lógica del cambio legal era simple: bajar el techo para reducir la cuota. El tercer estudio de impacto realizado en 2016 por la ex SBIF determinó que la TMC en ese tramo cayó a 37% y la tasa promedio de los créditos bajó más de 4 puntos porcentuales.

Pero el impacto colateral fue sistémico. Entre 150 y 230 mil personas que antes pertenecían al sistema formal bajo supervisión—banca, retail y cooperativas de ahorro y crédito — quedaron fuera.

El cambio, aunque bien intencionado, operó bajo una lógica económica cuestionable. Al anclar la tasa de los créditos a un tramo muy distinto (entre 200 y 5000 UF) y fijar un spread rígido sin capacidad de ajuste al ciclo económico, se terminó por racionar el crédito.

Quizás esas personas reingresaron en los siguientes periodos, con tasas más bajas, o quizás fueron empujadas permanentemente hacia la informalidad. Aunque este último sigue siendo el argumento habitual para revisar la TMC al alza, no hay datos que lo confirme y su medición sigue siendo un desafío metodológico. Adicionalmente, la Encuesta Financiera de Hogares del Banco Central de 2024, estima que las deudas informales representan menos del 1% de los pasivos totales de los hogares, a nivel consolidado.

Otro argumento que en general se utiliza es que la normativa de comisiones de la CMF ha reforzado la exclusión. Permítanme refutar esta idea. Según la RAN 1-7, se debe considerar como “interés” toda suma que el acreedor reciba del deudor, por sobre el capital, que no sea por concepto de gastos a favor de terceros (como impuestos o gastos notariales).

Es decir, cualquier comisión imputable al crédito debe ser parte de la tasa. En los últimos años la CMF ha sancionado a diversas instituciones por el cobro de comisiones no imputadas a tasa, que hacían que el costo real del crédito superara la TMC. Es cierto que la norma hace más estricto el cumplimiento de la TMC, pero es de toda lógica legal y económica: evitar que el costo real se disfrace bajo otros conceptos.

Si hoy decidiéramos desandar el camino y volver a la fórmula de 2013, la TMC del segmento 0-50 UF, que en abril de 2026 bordeaba 41% subiría a niveles entre 46% y 52% (dependiendo de los supuestos utilizados para volver a anclar los créditos al tramo relevante). Cabe preguntarse si al sector político le parecería aceptable un alza de tal magnitud en nombre de la eficiencia.

La oferta de crédito sin dudas se vería beneficiada, pues permitiría alcanzar a clientes con un perfil de riesgo mayor. Sin embargo, los datos de la Encuesta de Crédito Bancario del Banco Central sugieren que hoy el problema más relevante está en la demanda. Si los clientes no están solicitando crédito a las tasas actuales, ¿por qué habrían de hacerlo a una tasa mayor?

¿Hay que revisar la TMC? Sin duda. La regla actual es rígida y no lee bien el ciclo. ¿Deben seguir incorporándose las comisiones a la tasa? Totalmente, siempre que sean gastos asociados directamente al crédito.

Revisar la TMC podría mejorar la oferta. Sin embargo, hay un problema de demanda que no está siendo abordado y que debe estudiarse. La discusión debe evolucionar desde el control de precios hacia una comprensión integral de las barreras crediticias, atendiendo a las particularidades de cada segmento de mercado. La TMC, por si sola, no es una bala de plata.

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