En apenas cinco meses, Chile ha pasado de un clima de optimismo económico a un escenario de cautela y preocupación. Lo que en diciembre de 2025 y enero de 2026 se percibía como un nuevo ciclo de dinamismo tras el cambio de gobierno e inflación controlada, hoy en mayo se ha transformado en un cuadro de expectativas deterioradas, inflación que vuelve a surgir y un crecimiento que se enfría con rapidez. El arranque del año estuvo marcado por un fuerte repunte en los indicadores de confianza.
El Índice de Percepción de la Economía (IPEC) y el Índice de Confianza Empresarial (IMCE) alcanzaron en enero niveles máximos, reflejando la esperanza de que el nuevo ciclo político trajera dinamismo. Sin embargo, esa euforia fue efímera: ambos indicadores han vuelto a caer por debajo de los 50 puntos, lo que denota un retorno al pesimismo tanto en consumidores como en empresarios.
El entusiasmo inicial se evaporó más rápido de lo que tardó en consolidarse, y hoy las empresas miran el futuro con más cautela.
Las cuentas nacionales publicadas recientemente por el Banco Central de Chile confirmaron que la economía no está avanzando como se esperaba. El PIB del primer trimestre retrocedió un 0,5% en términos anuales, un resultado peor que lo que sugerían los ya débiles registros del IMACEC, que habían sorprendido a la baja en meses previos. Este retroceso marca un contraste con las proyecciones de inicio de año, cuando se anticipaba un crecimiento positivo y sostenido. La Encuesta de Expectativas Económicas que publica el Banco Central de Chile es quizás el mejor termómetro del giro abrupto.
En enero de este año, los analistas proyectaban para diciembre 2026 un crecimiento de 2,5%, una inflación en torno al 3% y estabilidad en la tasa de política monetaria. Hoy, el panorama es muy distinto: crecimiento esperado de 2%, inflación proyectada de 4,3% y la posibilidad de un alza de tasas, rompiendo con la idea de que el ciclo de endurecimiento ya había terminado. Este cambio refleja tanto factores internos como externos.
Por un lado, la debilidad de la actividad doméstica y nuevas presiones inflacionarias. Por otro, el contexto internacional, marcado por tensiones geopolíticas y ajustes en las proyecciones globales.
El conflicto en Medio Oriente ha añadido un componente de incertidumbre que golpea directamente a los mercados energéticos y a la confianza global. El Fondo Monetario Internacional ha revisado sus perspectivas para el mundo: menor crecimiento y mayor inflación. Chile, como economía abierta y dependiente de las exportaciones de commodities, no escapa a este escenario.
El precio del cobre, aunque se mantiene alto, no ha compensado la volatilidad en otros frentes. Para las empresas, en tanto, el deterioro de las expectativas sugiere un freno en la inversión y una mayor cautela en la contratación. El retroceso del IMCE muestra que los empresarios ven con preocupación la combinación de costos financieros más altos y demanda interna debilitada. Para los hogares, la inflación más elevada erosiona el poder adquisitivo, especialmente en bienes básicos, y la caída del IPEC refleja esa sensación de pérdida de bienestar. La inflación dejó de ser un problema transitorio y volvió a instalarse como una amenaza real.
Con todo, el Banco Central enfrenta un nuevo reflote de inflación, lo que obliga a considerar nuevas alzas de tasas. La credibilidad de la institución y su capacidad de comunicar un rumbo claro será clave para evitar que las expectativas se desanclen. El giro en las perspectivas entre enero y mayo de 2026 es un recordatorio de la fragilidad del escenario económico.
La confianza puede cambiar abruptamente, y los shocks externos pueden alterar las proyecciones en cuestión de semanas. Para Chile, el desafío es doble: recuperar dinamismo en la inversión y el consumo sin perder el control de la inflación, y navegar un entorno global más incierto, con precios de energía volátiles y un crecimiento mundial más débil.
Así, el 2026 comenzó con promesas de recuperación y estabilidad, pero en apenas cinco meses esas expectativas se han desvanecido.
Hoy, la economía chilena enfrenta un escenario más complejo: crecimiento menor, inflación más alta y la posibilidad de un nuevo ciclo de endurecimiento monetario.
Para los actores económicos, la lección es clara: la planificación debe incorporar la volatilidad como un factor permanente. Empresas y hogares tendrán que reforzar su resiliencia, ajustando decisiones de inversión, financiamiento y consumo a un entorno que ha demostrado cambiar con una rapidez sorprendente.
Para más noticias de After Office en Ex-Ante, clic aquí.
Gestión de riesgos en la banca: resiliencia y crecimiento en una era de volatilidad y disrupción tecnológica. Por Marlene Devotto. https://t.co/jjdZOkwDg4
— Ex-Ante (@exantecl) May 27, 2026
Publicaciones relacionadas
Elmer Cuba, exsocio de Macroconsult y exdirector del Banco Central peruano, cursó un magíster en la Universidad Católica de Chile, donde dice a Ex-Ante que sus “mejores profesores de la UC fueron Vittorio Corbo, Felipe Larraín y Rodrigo Vergara”. Y recordó un curso de econometría que Jorge Quiroz fue a dictar a Lima, Perú.
El guerrero cultural piensa, implícitamente, que el ciudadano es menos inteligente que él. Esa presunción lo lleva a convencerse de que posee la capacidad para transformar el pensamiento de los demás. A los ojos de estos sujetos, la ciudadanía sería una especie de rebaño influenciable, presa fácil de quienes buscan persuadirlos sobre cómo hay que […]
Si la preocupación es profundizar el mercado de capitales y mejorar el desempeño empresarial, la agenda debe avanzar hacia mecanismos que fortalezcan el valor del directorio como garante de confianza frente al mercado.
Salvo por los tópicos y la jerga de este tiempo, el documento del congreso suena arcaico. La perspectiva que ofrece como novedosa está emparentada con el rudimentario anticapitalismo del FRAP en los años 50 y la Unidad Popular en los 60 y 70. ¿Qué idea tienen los líderes del FA de lo que es un […]
No son el problema: son la semilla que multiplica. Cautelar a quienes poseen grandes empresas no es favoritismo, es responsabilidad. Si queremos un país próspero, debemos proteger el entorno que permite que la riqueza se cree, se mantenga y se reinvierta.