La creación de la Agencia de Financiamiento e Inversión para el Desarrollo (AFIDE) busca corregir fallas estructurales en la provisión de crédito y garantías en Chile, permitiendo que el Estado acompañe con rigor técnico el crecimiento productivo del país. En periodos electorales, suele simplificarse el debate. En días recientes se publicó una columna que cuestiona el proyecto que crea la AFIDE. Vale la pena explicar qué propone y por qué representa un avance estructural para Chile.
El proyecto transforma la actual Gerencia de Inversiones y Financiamiento (GIF) de CORFO —que administra créditos, garantías y fondos de capital de riesgo con una exposición superior a US$ 3.000 millones— en una empresa pública moderna, con un directorio técnico y equilibrado, al estilo del Banco Central. No se crea una nueva burocracia: se da autonomía, profesionalismo y continuidad a una función que ya existe, pero hoy opera con restricciones propias de un servicio público.
Tampoco implica un gasto fiscal adicional de US$ 500 millones, como se ha sugerido. La capitalización inicial corresponde al traspaso de activos y créditos vigentes administrados por CORFO, sin nuevo desembolso del erario. Los costos administrativos adicionales serían marginales, pero necesarios: una institución que gestiona miles de millones y asume riesgos financieros complejos requiere equipos bien remunerados y comparables con la banca pública internacional.
Más allá de su estructura, AFIDE responde a una limitación central: la imposibilidad de otorgar financiamiento de mediano y largo plazo bajo la lógica presupuestaria anual. No se puede comprometer un crédito a un proyecto de construcción, energía o innovación que se desembolsa por etapas si los recursos dependen cada año de la Ley de Presupuestos. Esa rigidez ha impedido concretar cientos de proyectos, especialmente entre US$4 a US$50 millones, que hoy quedan fuera de la banca comercial y de los organismos multilaterales. Además, la lentitud del Estado en el pago de garantías ha reducido su uso efectivo, afectando la confianza y la ejecución de nuevos proyectos.
AFIDE sería un complemento a BancoEstado y a CORFO. Asumiría todas las funciones de créditos y garantías de esta última, apoyando con financiamiento y avales a BancoEstado y a otros bancos, que muchas veces no toman proyectos por su tamaño, novedad o riesgo. Ahí se concentran muchas fallas de mercado. Proyectos de energía solar distribuida, biodigestores agrícolas, buses eléctricos, astilleros pequeñas concesiones locales no logran financiamiento por ser demasiado nuevos o pequeños para la banca. Me ha tocado hablar con cientos de proyectos como estos y necesitamos poder ayudarlos.
AFIDE busca llenar ese vacío actuando como banco de segundo piso, complementario a BancoEstado y a la banca privada. El 80% de su función será otorgar garantías que permitan a los bancos asumir proyectos que hoy quedan fuera del sistema. Además, podrá entregar créditos de segundo piso, participar en créditos sindicados y aportar a fondos de fondos, generando “crowding in” del sector privado: más inversión y crédito privado en el país.
Así operan instituciones como el KfW en Alemania, el BPI en Francia o la SBA en Estados Unidos: apoyando emprendedores, exportadores y desarrolladores con instrumentos sofisticados, pero gestionados con rigurosidad técnica y mirada de largo plazo. Un astillero canadiense financia un nuevo dique gracias al EDC; un fabricante de buses eléctricos francés accede a garantías del BPI; y una pyme norteamericana obtiene crédito de expansión mediante la Small Business Administration. En Chile, en cambio, los instrumentos disponibles son fragmentarios, lentos y sujetos a los vaivenes del presupuesto anual.
El proyecto también protege los fondos de fomento de los vaivenes políticos. Basta recordar los retiros por más de US$ 3.500 millones que la Dirección de Presupuestos efectuó recientemente desde CORFO. Con AFIDE, esos recursos quedarían resguardados en una entidad autónoma, asegurando su continuidad y uso exclusivo en el desarrollo productivo de las empresas de Chile.
Su directorio será designado bajo criterios de Alta Dirección Pública, con renovación parcial y equilibrio político. Así, ningún gobierno podrá controlar completamente su conducción, garantizando estabilidad, transparencia y mirada de largo plazo.
Toda institución de este tipo requiere límites claros y estándares estrictos de rendición de cuentas. Pero esos resguardos están contemplados y el Congreso puede perfeccionarlos. Lo central es no perder el propósito: crear una agencia moderna, ágil y técnicamente robusta, capaz de movilizar inversión donde el mercado no llega.
Chile enfrenta un desafío estructural: convertir su ahorro interno en inversión productiva. AFIDE y los fondos de fondos no son una idea nueva ni ideológica: fueron impulsados en gobiernos de Bachelet y Piñera, y cuentan con amplio respaldo en el mundo financiero y empresarial.
Si queremos que las empresas chilenas compitan con países que sí cuentan con instrumentos públicos sofisticados, debemos dotarnos de herramientas equivalentes. No se trata de agrandar el Estado, sino de hacerlo más inteligente, técnico y útil para el desarrollo.
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Las reformas necesarias a la política fiscal. Por Patricio Jaramillo. https://t.co/WOfnLAmTb4
— Ex-Ante (@exantecl) October 9, 2025
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