-El Gobierno plantea que el déficit efectivo para 2025 será de -2% del PIB y que la consolidación fiscal continúa. ¿Qué tan realistas son estas proyecciones de ingresos y gastos?
-Es difícil hablar de consolidación fiscal cuando el déficit duplica el que se estimó a fines de 2024 (-1,1%) y que no difiere mucho de los déficits efectivos de 2023 y 2024. Además, la deuda pública en cada revisión termina más arriba al cierre de cada ejercicio, por mucho que su velocidad de crecimiento pueda haber disminuido.
-Los analistas coinciden en que los supuestos de ingresos son demasiado optimistas. ¿Cuál es el riesgo de que se repita la brecha entre la proyección de estos fondos y lo efectivamente recaudado?
-Efectivamente, la estimación de crecimiento de 4,8% en los ingresos fiscales es alta y supera largamente la proyección de la expansión del PIB de 2,5% y de la demanda interna de 2,9% que, además, parecen un tanto optimistas (son más altas que las del Banco Central), de manera que el riesgo de sea muy optimista existe y, por lo tanto, que la estimación de déficit se tenga que revisar al alza durante el año.
-¿Cómo calificas el manejo fiscal de la administración de Gabriel Boric?
-Mediocre. El ajuste de 2022 se asocia al Presupuesto que heredó del Presidente Sebastián Piñera, pero en todos los presupuestos propios (2023 a 2025) el déficit fue muy superior al previsto en la ley de Presupuestos y el compromiso asumido por el gobierno para todo el período. Que el gasto haya crecido más lento que en el pasado es cierto, pero la economía también ha crecido muy poco y aunque la deuda ha frenado su alza, sigue subiendo, supera los niveles previstos y se acerca al límite autoimpuesto de 45%. Todo esto en un escenario de normalidad económica interna y externa.
-El Presupuesto contempla un aumento del gasto de 1,7% real. ¿Es suficiente para enfrentar presiones sin poner en riesgo la estabilidad fiscal?
-El 1,7% real es respecto del Presupuesto aprobado el año pasado. Si se compara el gasto previsto para 2026 con la estimación de ejecución del Informe de Finanzas Públicas (IFP) del tercer trimestre, el crecimiento estimado es de 2,5%, que sería igual al del PIB, o sea, no es bajo. Si el gobierno, cualquiera sea el que asuma en marzo, no puede mantener un presupuesto razonable y la estabilidad fiscal por presiones sociales, va a ser un fracaso. Si hay presiones sociales habrá que buscar donde recortar el gasto, pero no se puede seguir con la tendencia actual.
Las clasificadoras de riesgo ya han recortado nuestro rating y lo van a seguir haciendo si consideran que no somos capaces de mantener en orden las cuentas fiscales y eso va a complicar más la situación fiscal. Mientras no se logre acelerar el crecimiento de manera sostenible para recaudar más, lo único que queda es apretar el gasto.
-El proyecto elimina la llamada “glosa republicana” y la reemplaza por una facultad acotada de reasignación del gasto. ¿Qué efectos tendrá en la capacidad de un nuevo gobierno para fijar sus prioridades?
-No tengo claro si ese cambio genera más o menos flexibilidad. Surge de una recomendación del comité de expertos que me parece una fuente confiable. En principio no me preocupa ni complica demasiado, especialmente porque la primera prioridad debiera ser recortar el gasto no pensar dónde gastar más, aunque se saque de otro lado.
-Se propone que para usar más de 0,3% del PIB del Fondo de Estabilización Económica y Social (FEES) sea necesaria una autorización legal. ¿Qué efectos prácticos tendría este candado?
-Está claro que un exceso de flexibilidad ha sido negativo, porque el actual gobierno ha usado de manera recurrente el FEES para evitar tener que endeudarse más y en condiciones que no se justificaba el uso de este fondo. Creo que puede ser positivo. Si hay crisis nadie va a negar la autorización para usarlo.
– ¿En qué medida este tipo de limitaciones podría comprometer la capacidad del Estado de reaccionar rápido en una crisis?
-No debería. La aprobación para utilizarlo debería ser expedita y, por lo demás, la inercia fiscal es muy grande, así que nada pasa demasiado rápido allí.
-El Gobierno ha dicho que dejará la “casa ordenada” para la próxima administración. ¿Este presupuesto es un cierre responsable o una manera de condicionar al próximo gobierno?
-Lo que está claro, y que no viene de este gobierno, es que la situación fiscal de mediano plazo es compleja y nadie la ha resuelto. La situación fiscal está lejos de ser óptima, pero tampoco está desbocada. Dado que es para otra administración, yo habría aprovechado para dejar un presupuesto más austero, porque este no lo es, es más de lo mismo. Es inevitable que se condiciona al próximo gobierno porque hereda un presupuesto en el que no tuvo mucho que decir… pero así es la vida.
-¿Qué riesgos ve de que el presupuesto se transforme en un campo de batalla electoral más que en un instrumento técnico de política fiscal?
-Es probable que ello ocurra, nadie debería sorprenderse con la calidad de nuestros legisladores, pero espero que se mantenga la cordura, aunque algunos indicios no son auspiciosos.
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