El auge de los vehículos eléctricos y las energías renovables alimenta la “fiebre del oro” del litio. Solo en 2040 se prevé que la transición energética global desencadene un aumento de hasta 40 veces en la demanda del mineral, según la Agencia Internacional de Energía (AIE). Este es uno de los componentes para elaborar las baterías de iones de litio, que se utilizan para almacenar energía de fuentes renovables como la eólica y la solar.
La demanda de vehículos eléctricos (EV) también se está disparando a medida que más países se comprometen a eliminar gradualmente los automóviles que funcionan con gasolina. A veces llamado “oro blanco”, el litio es uno de los componentes clave de las baterías de los EV. A nivel mundial, las ventas de vehículos eléctricos aumentaron a 6,6 millones en 2021, casi el doble del volumen del año anterior.
Esta enorme demanda del metal ha resultado en un aumento importante de los precios, lo que está creando incentivos para extraer aún más litio. Esto llevó a que se buscara más mineral, pasando así a dispararse la identificación desde 53 millones de toneladas en 2018 a 89 millones de toneladas en 2022, según el USGS.
El mundo va aceleradamente hacia una transición energética con el objetivo de reducir la huella de carbono global, lo mismo está ocurriendo en nuestro país. Chile tiene enormes ventajas comparativas como muy pocos países en el mundo. Pero esto también requiere que la perspectiva sostenible esté en todo el proceso de desarrollo, para así garantizar que la inversión esté disponible y que las ganancias de esta “fiebre del litio” se distribuya de una manera que contribuya al desarrollo del país.
La producción de litio será vital para ayudar al mundo a alejarse de los combustibles fósiles y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). La descarbonización necesita de este metal, así como también del cobre, y es en esto donde somos un país privilegiado.
Si bien existe cierto nivel de incertidumbre acerca de cuánto tiempo podría durar la bonanza del litio, no cabe duda de que como país debemos hacer lo necesario para liderar estos procesos en el mundo bajo el marco de una mirada sostenible. Así, nuestra producción también tomará un rol significativo para aportar a la descarbonización.
Abordar la crisis climática acelerando la transición al transporte verde será un elemento crucial para preservar el planeta para las generaciones futuras. En este escenario, Chile podría jugar un papel crucial no solo en su territorio.
Los desafíos ambientales de hoy requieren, entre otras cosas, una transformación profunda del sistema energético global. Esta transformación pasa por acelerar la descarbonización y la electrificación de la economía; aumentar el uso de tecnologías solares, eólicas y bajas en carbono; aumentar las capacidades de almacenamiento; y el uso de microrredes y redes inteligentes, entre otros, y en esto Chile tiene capacidades únicas para no solo contribuir al país, sino también al planeta.
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