El retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos no ha tardado en hacerse sentir en la economía global, poniendo en duda las bases del libre mercado y los beneficios de la globalización. El pasado 2 de abril, llamado el “Liberation Day” (Día de la Liberación), el presidente estadounidense anunció una batería de aranceles que reconfiguran el panorama económico global: un arancel universal del 10% sobre todas las importaciones a Estados Unidos, junto con tarifas adicionales para productos de 60 países.
Este giro proteccionista, que recuerda las tensiones comerciales de 2018, ha tenido efectos inmediatos y visibles en los mercados financieros. En Chile, el tipo de cambio inició una escalada al alza, bordeando los $1.000 por dólar y el IPSA registró una caída del 3,35% el 3 de abril, reflejando el nerviosismo de los inversionistas ante el impacto potencial de las nuevas políticas.
Los efectos no se limitaron al ámbito local: las bolsas europeas retrocedieron entre un 1,5% y un 2,3%, mientras que, en Asia, índices como el Nikkei, también mostraron pérdidas. En Estados Unidos el S&P 500 experimentó su mayor caída diaria desde marzo de 2020, con un descenso del 5,97%. Desde entonces, las bolsas mundiales han experimentado una notable volatilidad.
Efectos sobre los fondos de pensiones
Uno de los impactos de esta turbulencia, es el efecto sobre los valores cuota de los fondos de pensiones, especialmente de aquellos con mayor exposición a renta variable internacional –A y B–, que han experimentado caídas desde el anuncio del presidente Trump. Ello genera incertidumbre entre los afiliados, quienes se cuestionan si deben cambiarse a un fondo más conservador en medio de la volatilidad.
Es crucial recordar que este período de volatilidad es sólo uno más de una serie de eventos que han puesto a prueba a los fondos de pensiones chilenos a lo largo de los años. Desde la crisis financiera global de 2008, hasta la pandemia del COVID-19, los multifondos han mostrado que a pesar de caídas transitorias –unas más largas que otras–, siempre hay recuperación en el largo plazo. De hecho, según datos de la Superintendencia de Pensiones, entre septiembre de 2002 y marzo de 2025, el fondo A ha tenido, en promedio, una rentabilidad real anual de 5,20% y el fondo B de 4,53%.
¿Momento de cambiarse de fondo? La evidencia dice que no
La evidencia sobre el impacto de cambiarse de fondos es contundente: el 72% de los afiliados que hicieron traspasos de fondos entre 2014 y 2021 hubiesen tenido un mayor retorno si se hubiesen mantenido en el fondo sugerido según su edad (Superintendencia de Pensiones, 2022). Esto demuestra que, a largo plazo, el cambio apresurado no suele ser la mejor opción.
Un llamado a la calma. Desde la Federación Internacional de AFP, nuestro llamado es a mantener la calma y no tomar decisiones impulsivas, que puedan afectar el futuro de nuestras pensiones. Si bien la volatilidad puede ser inquietante, lo más recomendable es mantener la estrategia de inversión adecuada a cada perfil y el objetivo de largo plazo. Los equipos de inversión de las AFP trabajan constantemente vigilando los mercados y tomando las mejores decisiones de inversión para proteger los ahorros de sus afiliados.
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