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Agosto 18, 2023

Boric se refugia en la vieja alianza PS-PC. Por Jorge Schaulsohn

Ex presidente de la Cámara de Diputados
Presidente Gabriel Boric estrechando mano junto al nuevo ministro de Educación, Nicolás Cataldo (PC).

Cometen un grave error de apreciación quienes ningunean el cambio de gabinete calificándolo de insuficiente, o más de lo mismo porque no hubo cambios en el equipo político y no salieron algunos ministros sectoriales como ellos querían. Apruebo Dignidad quedó reducida a una sigla. Y ya no hay dos coaliciones que gobiernan, sino dos partidos: el PS y el PC. Con eso, el eje de sustentación del gobierno cambió totalmente.


Si bien es cierto que se movieron fichas solo en el ámbito sectorial, lo que realmente se produjo fue un cambio profundo en la forma de entender el gobierno, apostando a la hegemonía del eje socialista-comunista, pensando que con ello se mejorará la gobernabilidad, solvencia, coherencia y fuerza del gobierno.

El presidente acepta que su proyecto político se hizo inviable lo que no quiere decir que deba renunciar a defender sus ideas. No tiene la capacidad de traducir en leyes su programa, pero ello no le impide mantener la unidad de propósitos de su coalición, participar activamente del debate público y dejar en claro que si no logra avanzar más allá es por la configuración adversa del Congreso.

Para ello requiere una coalición en sintonía con un nuevo diseño político y eso es precisamente lo que el presidente quiso hacer con el reordenamiento provocado por el cambio de gabinete, a partir del cual el eje de sustentación del gobierno cambió totalmente.

El Frente amplio no dio el ancho, el presidente Boric se demoró mucho tiempo en darse cuenta y en reaccionar. Recurrió al partido socialista llenándolo de responsabilidades, pero dejó al PC en la mesa del pellejo, hasta que se hizo insostenible.

Apruebo Dignidad queda reducida a una sigla; ya no hay dos coaliciones, sino que ahora son dos partidos los que gobiernan, el socialista y el comunista. Revolución Democrática salió del comité político y el PPD quedo como un partido interdicto manejado desde la moneda con mano de hierro por la ministra Tohá que armó la nueva directiva.

¿Es una buena idea apostarlo todo al eje PC-PS? No necesariamente porque la diversidad del mundo progresista de izquierda no cabe dentro de partidos antiguos y en el caso del PC encarna una visión “cavernaria”, premoderna del socialismo. Revolución Democrática está herida, pero no muerta y en algún momento le pasara la cuenta al propio presidente, que sacrificó su perfil de político renovador al abrazar al PC.

El ascenso del PC es inédito desde la recuperación de la democracia, habiendo asumido ministerios claves. Pero ello no implica una radicalización del gobierno, sino más bien todo lo contrario. Es el apoyo que Boric cree necesitar para una postura más testimonial y combativa, no refundacional, que le permita dejar un legado, más modesto con relación a las expectativas originales, pero políticamente valioso pensando en el futuro.

Naturalmente, el gobierno preferiría dejar obras, pero presionado más allá de lo razonable se conformará con dejar testimonios porque la “consecuencia” también es un legado que vale mucho en política. Nadie tiene clavada la rueda de la fortuna y las cosas pueden cambiar.

A diferencia de lo que ocurrió durante la Unidad Popular, donde socialistas y comunistas estaban en las antípodas hoy están remando para el mismo lado. Ambas fuerzas quieren proyectarse unidas en las municipales, comprometidas con Gabriel Boric política y humanamente. Entienden que el “horno no está para bollos” dada la profundidad del reflujo ideológico que se está produciendo en la sociedad. Desde la desaparición de Pinochet que no tenían un enemigo común; hoy es la amenaza Republicana.

Ambos respaldan el diálogo con la oposición y por eso lo primero que hizo Boric después de reemplazar a unos ministros por otros fue invitar a las fuerzas opositoras a conversar. Antes había tenido gestos amistosos impensables hacia el expresidente Piñera.  ¡La necesidad tiene cara de hereje!

Pero no hay que ser ingenuos. El frenesí por el diálogo y los grandes acuerdos está cruzado, como siempre, por los intereses más viles del quehacer político. No es fácil para una oposición que se siente empoderada “darle agüita” a un gobierno impopular y atormentado. Sabe que siempre que se produce un acuerdo, por muchas concesiones que se obtengan las flores se las lleva en gobierno de turno.

La reforma a las pensiones que propone el gobierno en el corto plazo significaría una inyección a la vena de los alicaídos presupuestos de miles de jubilados, aunque en el largo plazo afecte negativamente la salud de las finanzas públicas generando déficit e inflación. Dicho de otro modo, una ganancia neta para el gobierno que se traduciría en votos en las próximas elecciones.

Para poder repartir ahora el gobierno necesita que por lo menos un tres por ciento del aporte adicional del empleador vaya al fondo solidario y no a cuentas individuales. Esa era la propuesta de Piñera de la cual la derecha hoy reniega argumentando que eso fue antes de la pensión universal garantizada.

Además, hay que tener presente que la fórmula del gobierno es impopular porque la mayoría quiere que todo vaya a sus cuentas individuales. ¿Cuál sería el incentivo de la oposición para apoyar una medida del gobierno en estas condiciones?  Por ahora nadie quiere aparecer rompiendo las negociaciones, pero las diferencias son demasiado grandes como para estar muy optimista.

El nuevo eje del gobierno tiene también la responsabilidad de construir una respuesta común frente al proceso constituyente y procurar que llegue a buen puerto enfrentando unidos el plebiscito de salida, ya sea para aprobar o rechazar. En esto es el partido comunista el que tiene la llave de oro, porque si optara unilateralmente por el rechazo sería el fin del gobierno.

La izquierda está casada con el ante proyecto de los expertos porque consagra el principio de que los grandes temas se deben resolver en el Congreso, donde opera el libre juego de las mayorías y minorías. Así, los cambios profundos a que aspira siempre serán en teoría posibles en democracia. Pero los republicanos y sus aliados no piensan lo mismo e intentarán consagrar como garantías constitucionales algunas de sus ideas fundamentales.

Hay que ponerse en todos los escenarios. Lo único que sería fatal para el gobierno es que la izquierda unida llame a votar rechazo y gane el apruebo.

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