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Junio 11, 2024

Brechas financieras: ¿Por qué a las mujeres nos prestan menos? Por María Soledad Alonso

Abogada de la Universidad Diego Portales. Diplomada en Compliance y Buenas Prácticas Corporativas de la PUC.

Ahora que la preocupación por el crecimiento, la inversión y la productividad en nuestro país se ha convertido en una demanda constante desde los diversos sectores, recalcándose la importancia de contar con una economía que enfrente los retos en un contexto globalizado, sería bueno priorizar en la agenda pública políticas que apunten a destrabar los nudos de desigualdad en todos los aspectos – incluidos los financieros – que impiden a las mujeres alcanzar un pleno desarrollo de sus talentos y capacidades e insertarse en la sociedad con mayores grados de igualdad en el acceso al mercado formal de trabajo.


El Reporte de Brecha de Género 2023 del Foro Económico Mundial, el cual mide las desigualdades entre hombres y mujeres a través de cuatro indicadores: oportunidades económicas, salud, educación y liderazgo político , destaca que, a pesar de los avances en educación y salud, persisten desigualdades económicas y políticas para las mujeres. Para Chile  se reporta que – si bien ha mejorado su posición en el ranking de igualdad de género a nivel mundial – persisten disparidades en la participación económica, especialmente en el acceso a crédito.

La Comisión para el Mercado Financiero señala que, si bien no hay diferencias en el acceso al crédito, las mujeres tienen saldos de crédito menores que los hombres. Además, diversos estudios indican que las mujeres enfrentan tasas de interés más altas en préstamos, a pesar de tener mejores historiales de pago que los hombres.

¿Por qué los montos prestados a las mujeres son menores que los de los hombres? ¿Y por qué las tasas de dichos préstamos son más altas que las de los hombres?

Estas disparidades se explican por diversos factores, como la menor participación laboral de las mujeres, su presencia en empleos informales y la brecha salarial de género. La división tradicional del trabajo y las responsabilidades de cuidado recaen desproporcionadamente en las mujeres, lo que impacta en sus ingresos y autonomía económica.

La informalidad laboral femenina, la discriminación salarial basada en la maternidad y la falta de corresponsabilidad parental afectan la capacidad de las mujeres para acceder a préstamos y servicios financieros en igualdad de condiciones. Esto perpetúa la feminización de la pobreza y limita el desarrollo económico de las mujeres, así como su bienestar social.

La precariedad laboral femenina reflejada en las causas antes mencionadas, está estrechamente vinculada a la mayor dificultad de las mujeres a la hora de conseguir un préstamos bancario o financiero, puesto que se asume que la mujer no tendrá un flujo de ingresos fijos, es decir, es percibida como un sujeto de crédito más riesgoso, lo que provoca un círculo vicioso de continuidad de pobreza femenina en nuestro país, donde la proporción de hogares – un 47,7% según cifras de la Casen al 2022 – tienen a una mujer como jefa del hogar. Sin embargo, esto no significa que las mujeres hayan conseguido una plena autonomía, ya que, además de ser las responsables directas de garantizar ingresos y cuidados suficientes en los hogares, se ven obligadas a dedicar casi la totalidad de las horas de su vida a la reproducción del hogar (PNUD, 2010). Los estudios en esta materia indican que las mujeres empobrecidas mantienen y reproducen hogares empobrecidos, lo que se conoce como la feminización de la pobreza.

Un informe de la OCDE de 2023 afirma que la reducción simultánea de las diferencias de participación entre hombres y mujeres en la población activa y en las horas de trabajo puede aumentar el crecimiento potencial del PIB per cápita en 0,25 puntos porcentuales al año en Chile.

Ahora que la preocupación por el crecimiento, la inversión y la productividad en nuestro país se ha convertido en una demanda constante desde los diversos sectores, recalcándose la importancia de contar con una economía que enfrente los retos en un contexto globalizado, sería bueno priorizar en la agenda pública políticas que apunten a destrabar los nudos de desigualdad en todos los aspectos – incluidos los financieros – que impiden a las mujeres alcanzar un pleno desarrollo de sus talentos y capacidades e insertarse en la sociedad con mayores grados de igualdad en el acceso al mercado formal de trabajo.

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