Lejos de amainar, la crisis gubernamental gatillada por el caso Monsalve -abuso de poder y acusación de violación por parte de una funcionaria de directa dependencia del ex subsecretario- parece dispararse hacia nuevas profundidades al interior del palacio presidencial.
Las vocerías del Frente Amplio, el diputado Gonzalo Winter y la diputada Gael Yeomans hablaron de “traición al presidente Boric” por parte del socialista Manuel Monsalve, mientras las diputadas Maite Orsini y Emilia Schneider cargaban los dados contra el socialismo democrático afirmando lo evidente: la acusación de violación era contra un dirigente destacado del partido socialista, así que aquí no cabía lavarse las manos.
La presidenta al PS Paulina Vodanovic por su parte, recriminaba a la ministra Carolina Tohá por la designación de Luis Cordero en la Subsecretaría de Interior, un cargo que hasta ayer era propiedad “exclusiva” de su partido, como lo evidencia la salida masiva de asesores socialistas del ministerio.
En el PPD ven con preocupación que el Frente Amplio va a cargar contra la ministra del Interior -y supuesta candidata presidencial- Carolina Tohá, buscando excusar del manejo de la crisis al presidente Boric y sus ausentes y bien remunerados asesores directos, quien en una performance inaudita, dejó claro que tenía muchas cosas que decir.
Se dice que cuando el gato no está, los ratones salen a hacer de las suyas. En este caso, el gato, el presidente, se encuentra claramente sobrepasado, incapaz de conducir racional y adecuadamente una crisis política que cuestiona las bases de su gobierno en al menos tres planos: la autoproclamada superioridad moral de sus huestes, el pregonado feminismo de su administración y la supuesta unidad política de su coalición.
Todo esto ocurre inesperadamente a días de las elecciones regionales y municipales, cuando el gobierno se sobaba las manos disfrutando de las convenientemente administradas filtraciones del caso Audios que ponían a personeros de la derecha y al propio ministerio público y la Corte Suprema contra la espada y la pared. Parecía que el silencio sobre las investigaciones de los casos de Pro Cultura y Democracia Viva, unidas a las filtraciones de los sabrosos diálogos de Hermosilla, habrían una nueva oportunidad para descalificar moralmente al adversario desde el atalaya de la pureza moral.
Pero, como en las comedias de Shakespeare, todo se vino abajo.
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