“Chile siempre fue un país bien posicionado dentro del universo de los mercados emergentes. Según nuestro Índice de Clima de Negocios para 2026-2030, Chile se ubica en el puesto 21 de 82 países. Por lejos, es el país con el mejor clima de negocios de la región y se encuentra al mismo nivel que Francia y Taiwán”.
Este comentario de Nicolás Saldias, analista de The Economist Intelligence Unit, publicado hace unas semanas en Ex-Ante pone las cosas en su lugar. Chile sigue siendo el país más atractivo de América Latina como destino de las inversiones y nunca ha perdido ese sitial, a pesar de los avatares políticos, sociales y telúricos, considerando los eventos con que la naturaleza nos castiga periódicamente.
Es que cuando se trata de invertir, las cifras mandan y no pueden estar sujetas al sesgo político que contamina la discusión económica. Al terminar el periodo de gobierno del Presidente Gabriel Boric, sus autoridades están convencidas que entregan un mejor país que aquel que recibieron y así lo pregonan, mientras que la Oposición se empeña en mostrar el desastre que han sido estos años, avalando con ello el diseño de gobierno de emergencia que impulsa la nueva administración del Presidente José Antonio Kast.
No es mi intención entrar en esa discusión. Quisiera mirar lo ocurrido con Chile en un periodo más largo, desde la vuelta a la democracia, en los cuales distintas alianzas políticas lo han dirigido, usando tres variables relevantes: el crecimiento, la pobreza y la desigualdad de ingresos.
Para ello, he segmentado arbitrariamente las cifras a utilizar en dos periodos: uno que cubre casi la totalidad de los años de los gobiernos de la Concertación (1990-2009 ) y otro, los últimos quince años (2009-2024 ) en los cuales, en cada nueva elección, se ha optado por la oposición frente a la continuidad del gobierno de turno.
Estas son mis conclusiones:
Las cifras son impresionantes: entre 1990 y 2024, se ha casi triplicado su PGB/Cápita lo que constituye un avance que pocos países han hecho en tan corto lapso, con dos periodos muy marcados: más que se duplica entre 1990-2009 y crece un 30% durante 2009-2024, y que han permitido a Chile acortar la distancia para alcanzar el desarrollo.
Al compararnos con países de altos ingresos, Chile crece más, como corresponde a aquel cuyo nivel inicial es notoriamente más bajo, lo que paulatinamente disminuye a medida que se acerca a niveles de ingresos mas elevados y es más difícil hacerlo.
Un segundo cuadro muestra el crecimiento de Chile frente a países del sur de Europa, a los mineros y a las grandes economías latinoamericanas.
Hay que hacer notar que, entre 2009 y 2024, Chile sufrió un terremoto – tsunami cuyo impacto económico fue equivalente a cerca del 13,8% al 18% del PIB; un estallido social que costó mas de US$ 3.000 millones en daños a la propiedad; dos procesos constituyentes fallidos y varios incendios devastadores. A pesar de todo, Chile creció más que todos los países mencionados, en un periodo además marcado por la crisis global subprime y una pandemia que paralizó el mundo.
Las mediciones sobre pobreza han ido cambiando a través de los años. Cada vez que pregunto a un auditorio informado, cual era la proporción de pobres en la población chilena en 1990, las personas responden: “en torno al 40%” y tienen razón, ya que esa era la cifra que arrojaba la medición de la época. Sin embargo, al confrontar las distintos metodologías utilizadas en un solo cuadro (tal como se muestra a continuación), ello permite apreciar el tremendo éxito del país en superarla.
Siendo cada una más exigente respecto de la anterior, en términos de elevar los requisitos para supera el umbral de la pobreza, las cifras son notables. En los últimos quince años, las cifras muestran una disminución de la pobreza del 80% (2013) o del 55% (2024), si usamos el criterio generado por la Comisión Larrañaga, lo que pueden mostrar pocos países en el mundo.
A pesar que no faltan los ideologizados que siguen insistiendo que Chile es el país más desigual del mundo, ello no es así y el índice de Gini ha disminuido notoriamente
Esta situación también se refleja en una interesante investigación de Libertad y Desarrollo que muestra el avance de la clase media y del segmento de altos ingresos entre el 2009 y el 2024, copando el espacio que deja el retroceso de la pobreza, antes mencionado.
La clase media ha crecido alcanzando casi el 50% de la población y los que se clasifican de altos ingresos llegan al 17,8% ( + $4.228.308 de ingresos familiar mensual si arriendan y $ 2.845.125 si no lo hacen), casi duplicándose en estos años.
Otro indicador que refuerza la medición de una menor desigualdad de ingresos, se manifiesta en los ingresos del trabajo y totales (monetario) de diferentes deciles, entre 2009 y 2024.
Los antecedentes presentados evidencian que cada gobierno, cada coalición, cada presidente, ha hecho lo suyo para convertirnos en un país más próspero, más equitativo, con menos pobreza. Si se hubiera tenido conciencia del avance de los treinta y cinco años transcurridos, no se podrían haber escuchado frases del tipo “en 20 días yo siento que hemos avanzado más que otros, tal vez, en 20 años”, de la cual su autor siempre se arrepintió o “nosotros no vamos a pasar una aplanadora, vamos a poner aquí una retroexcavadora, porque hay que destruir los cimientos anquilosados del modelo neoliberal de la dictadura”, una síntesis de la gran inspiración original del actual Gobierno.
Ojalá tanto quienes llegan a gobernar como la nueva Oposición recuerden mejor al Presidente Patricio Aylwin diciendo: “Sean civiles o militares… sí señores, sí compatriotas…. civiles o militares…Chile es uno solo”.
Solo así, aprovecharemos la oportunidad de ser el primer país desarrollado de América Latina.
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