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Codelco, nuestro orgullo incomprendido. Por Nassam Estibill

Director, Consultoría Minería & Metales – Wood Mackenzie

La deuda de Codelco es alta y exige disciplina financiera, mejor ejecución de proyectos y mayor reinversión. Pero también sería injusto mirar esa deuda sin reconocer que, durante décadas, Codelco ha contribuido al Estado chileno en una magnitud que ninguna otra empresa del país ha hecho, muchas veces a costa de su propia capacidad de reinversión.


A veces la distancia nos da una perspectiva más objetiva de nuestra realidad local. En mi tiempo como consultor en estrategia e inversiones en minería en Nueva York he visto, lamentablemente, lo chaqueteros que podemos llegar a ser los chilenos con Codelco.

Esto no significa que no haya que reconocer situaciones lamentables que han ocurrido en la empresa, como el fallecimiento de los seis mineros en División El Teniente, la ejecución paralela de cuatro proyectos estructurales (algo que pocas mineras hacen a la vez), la reciente situación de las 25.000 toneladas adicionales de cobre declaradas en diciembre de 2025, o la disminución año a año de su producción, que pasó de 1,62 millones de toneladas de producción directa en 2020 a 1,30 millones en 2025.

Dada esta lista no exhaustiva, y viendo cómo en las últimas semanas distintos actores se han dedicado solo a criticar a Codelco, pienso en el dicho: “Es más fácil hacer leña del árbol caído”. Pero tal vez esa es la paradoja de Codelco, la mayor productora de cobre del mundo. Somos exigentes cuando le está yendo bien, pero somos aún más exigentes cuando no está a la altura.

Sumado a esto, creo que, a pesar de ser un país minero, entendemos poco de minería como sociedad. Por lo mismo conviene ponerla en su contexto local y global. Primero, es la empresa individual que más aporta al Estado de Chile, con una contribución de aproximadamente US$19.000 millones entre 2016 y 2025. A esto se suman casi 16.000 trabajadores propios y cerca de 60.000 contratistas. Es decir, la contribución de la estatal es clave dentro del país.

Luego tenemos la complejidad fiscal de Codelco. A Codelco no se le puede mirar solo por sus utilidades. A Codelco se le debe mirar en función de su aporte al fisco. La carga tributaria total es de aproximadamente 80%, casi el doble que la de una empresa privada. Esto se debe a que, además del impuesto de primera categoría y el royalty minero, debe pagar un 10% de sus ventas de exportación bajo la Ley Reservada del Cobre (derogada en 2019, y 0% a partir de 2032), y un impuesto adicional de 40% sobre las utilidades tributables que aplica a empresas estatales. El fin gradual de ese 10% de la Ley Reservada permitirá que los activos de Codelco mejoren su posición en la curva de costos.

De hecho, se estima que esta modificación podría mejorar su competitividad en costos C3 en aproximadamente un 20%, llevando a la empresa desde el cuarto cuartil en 2026 hacia el inicio del tercer cuartil, más cerca de la media global.

Luego de aplicar todos estos impuestos se llega a lo que la gente ha discutido como las “utilidades” de Codelco, que de todas formas se queda el Estado. En efecto, Codelco le aporta al fisco el 100% de sus ingresos, y es el fisco el que decide cuánto devolverle para sus proyectos de capital, aunque el mecanismo real es algo más complejo. Y es esto lo que ha llevado a Codelco a su situación actual de deuda.

Como benchmark, las empresas privadas tienden a reinvertir entre 30% y 50% de sus utilidades, número bastante más alto que el que reinvertía Codelco hasta el expresidente Boric, quien se comprometió a reinvertir en promedio 30% durante sus cuatro años de mandato.

Ahora bien, alguien podría decir que Codelco ha aportado cerca de US$19.000 millones al Estado entre 2016 y 2025, pero que hoy tiene una deuda cercana a US$26.000 millones.

Y es una crítica válida, pero incompleta, dado que se está comparando un flujo histórico de aportes al Fisco con un stock de deuda financiera actual. Los aportes son recursos que el Estado ya recibió año a año, mientras que la deuda debe analizarse contra los activos, las reservas, los proyectos y la capacidad futura de generación de caja de la compañía.

Esto no significa negar el problema. La deuda de Codelco es alta y exige disciplina financiera, mejor ejecución de proyectos y mayor reinversión. Pero también sería injusto mirar esa deuda sin reconocer que, durante décadas, Codelco ha contribuido al Estado chileno en una magnitud que ninguna otra empresa del país ha hecho, muchas veces a costa de su propia capacidad de reinversión.

Para cerrar, es importante valorar a Codelco con todos sus matices. Su valor presente neto después de impuestos aumentó entre 18% y 20% en los últimos cuatro años, tras la compra del 10% de Quebrada Blanca a ENAMI y su participación en el litio. Fuera de Chile, además, Codelco goza de un prestigio que a veces no le reconocemos dentro: no solo es la mayor productora de cobre del mundo, sino también una empresa reconocida por sus estándares de seguridad y su trayectoria técnica, y un socio que las mayores mineras del planeta buscan activamente.

Y aún hay potencial para seguir aumentando su valor, a través del plan integrado entre Los Bronces y Andina, las exploraciones con Rio Tinto y BHP, la potencial nueva fundición con Glencore en el norte, y sus asociaciones en litio con Rio Tinto y Quiborax.

Es decir, Codelco es, y por el bien de todos los chilenos esperamos que siga siendo, nuestro orgullo nacional. Estoy convencido de que tenemos la capacidad humana y la expertise para que así sea. Somos el mayor país minero del mundo y, frecuentemente, hemos demostrado que podemos dar vuelta cualquier situación.

Pero para esto debemos unirnos y remar para el mismo lado. Esto no significa quedarnos en nuestras glorias del pasado ni dejar de ser críticos ante eventos como los que han ocurrido, pero tampoco significa olvidar lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser.

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