El 4 de Septiembre (4-S) representa una de las mayores derrotas políticas que ha sufrido la izquierda en el país. Habrá tiempo y correrán ríos de tinta para explicarlo, pero lo que es indubitable es que golpea directamente a la “nueva izquierda” del Frente Amplio, al Partido Comunista y por añadidura a los directivas de los partidos del Socialismo Democrático y la centroizquierda que desde hace años se engancharon como vagón de cola a los primeros y asumieron entusiastamente la defensa de un programa ajeno.
No hubo apoyo al proyecto constitucional que tan generosa como imprudentemente el gobierno salió a las calles a promover. No hubo apoyo en las comunas con mayoría con población indígena, no hubo apoyo mayoritario de las mujeres a la constitución feminista, no hubo apoyo en las comunas “de sacrificio” a la eco-constitución, no fueron solo “las tres comunas” las que dijeron que no a la Constitución “más progresista del mundo” según sus redactores.
No hubo aquí la anunciada rebelión del pueblo contra la “elite”; por el contrario, lo que hubo fue una reacción de sensatez que cruzó las líneas del SÍ y del NO de 1988 frente a una amenaza refundacional que cuestionaba las tradiciones democráticas, las instituciones republicanas y que encarnó una versión vergonzante -ya no solo de los 30 años- sino de toda la historia de Chile (que a su vez produjo la reacción patriótica que hemos visto).
Muchos dijimos, no una sino varias veces, que el gobierno del Presidente Boric debía desacoplarse del proyecto de la Convención, que había que salvar la autoridad presidencial para el día después. Lamentablemente ahora enfrenta los días venideros en una posición de extrema debilidad provocada por sus propios errores. Sin embargo, así como fue un acto de sabiduría política rechazar el proyecto constitucional, también deberá serlo afirmar los poderes del Estado, respetar la institucionalidad vigente, honrar las promesas de continuidad del proceso constitucional y apoyar la deriva dialogante que el Presidente anunció en su discurso del día 4.
El 4-S ha servido también para que renazca una centroizquierda con personalidad y fuertemente anclada en su tradición democrática. Es a ella que el país le deberá en parte importante este triunfo así como la posibilidad real de rencauzar el debate constitucional a partir de la reforma de los 4/7 impulsada por los senadores Rincón y Walker. Los partidos deberán ver quiénes se equivocaron, las directivas o los disidentes amenazados de expulsión. De cualquier forma, una nueva centroizquierda ha surgido dejando de lado los complejos y el temor a la cancelación, abriéndose al diálogo y a convergencias con antiguos adversarios, convirtiendo el plebiscito de salida no solo de salida de esta fase del proceso constitucional sino en una posibilidad de salida de los traumas del pasado.
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