–Marcos, me nombraron Ministro de Minería y no sé mucho del tema, ¿qué hago?
-No te preocupes le contesté… no serás el primero ni tampoco el último en estar en esa situación.
Recordé este diálogo, ocurrido hace muchos años, al leer, la semana pasada, las razones para no integrar el nuevo Gobierno por parte del Partido Nacional Libertario, ya que les ofrecieron el Ministerio de Minería y eso “era muy poco”. Lo mismo debe haber pensado el Partido Radical en la época de la Concertación o en el Gobierno actual, porque en la mayoría de los casos, le asignaban el Ministerio de Minería a alguien de sus filas.
¡¡¡Que grave error!!! Chile es uno de más importantes distritos mineros del planeta con las mayores reservas de cobre y litio, indispensables en la lucha contra el cambio climático, un cluster de mas de 8.000 empresas proveedoras muchas de ellas competitivas a nivel global y una fuerza laboral entrenada (académicos, ejecutivos, profesionales, especialistas, operadores) que ya se quisieran otros países con potencial minero (Argentina, Colombia, Brasil y el Copper Belt Africano entre otros). Y ¿ser Ministro de Minería es poca cosa?
Si le preguntáramos a cualquier chileno ¿cuál es la actividad económica más relevante del país?, diría, sin dudar, la minería. Sin embargo, nuestra clase política no ha mostrado interés en el desarrollo del sector minero, salvo la preocupación por “lecharla” a través de impuestos y royalties o las eternas discusiones ideológicas respecto de la propiedad de Codelco. En una palabra…un comportamiento lamentable.
¿Por qué ocurre esta situación?
En primer lugar, por ignorancia. Desde la monserga de que “exportamos piedras”, basada en la idea equivocada de que el concentrado tiene poco valor agregado y escasa aplicación tecnológica -cuando es precisamente en esa etapa donde se produce el mayor aumento de valor y sin tecnología de punta no sería posible explotar leyes de 0,3% a 0,4%-, hasta el desconocimiento del clúster de empresas proveedoras y contratistas, que actúa como una avanzada de servicios para potenciar la minería en América Latina.
Esa falta de ideas quedó reflejada en los programas de gobierno sobre minería de los candidatos de la última elección presidencial, que resultaron dramáticamente pobres, y se repitió en el foro inicial que organizó el Centro de Estudiantes de Minería de la PUC. Tan evidente fue esta carencia que, durante los aprontes previos, me tocó revisar una propuesta que planteaba alcanzar una producción de 10 millones de toneladas de cobre al año 2030, como si ello fuera posible solo con mejores reglas del juego y una reducción de la “molesta” permisología. Una cifra muy distinta a la que proyecta Cochilco, que estima que Chile solo alcanzará cerca de 6 millones de toneladas en torno a 2033.
En segundo lugar, el otro factor tiene que ver con el comportamiento del sector minero. Las empresas —grandes actores multinacionales— han tendido a “pasar piola” y, hasta hace poco, buscaban mantenerse lo más desapercibidas posible. No se reconocen como parte de un colectivo ni de un proyecto país; más bien operan como la contracara de gobiernos interesados en subir impuestos, mientras ellas se concentran en contenerlos, y poco más.
Tampoco han sido capaces de mostrar que las zonas mineras pueden ser equivalentes a “países desarrollados”, con mejores estándares de educación, salud y calidad de vida que otras zonas de Chile. Por el contrario, muchas de ellas se han consolidado como ciudades poco gratas para vivir y formar familia, algo que cualquiera que las visite puede constatar.
También contribuyen los propios trabajadores, preocupados de sacar jugosos bonos de negociación colectiva en épocas de buenos precios para cambiar el 4×4 y aprovechar las jornadas de trabajo especiales para vivir lo más lejos de la mina, sin hacer ciudad y asentarse en los distritos mineros.
Un tercer factor, poco estudiado, tiene que ver con el peso del ministro de Hacienda dentro del gabinete, en desmedro de otras carteras. A Hacienda no le interesa que “quien pone el dinero, ponga la música” y, por lo mismo, tiende a no reconocer ni transparentar la enorme incidencia del sector minero en el presupuesto de la Nación.
Los recursos asignados al Ministerio de Minería son paupérrimos y, salvo honrosas excepciones, la cartera no ha estado encabezada por ministros con verdadero peso político. Basta con extraer los recursos generados por Codelco para cumplir con ser un buen ministro de Hacienda.
¿Cuánto sabemos realmente de los mercados del cobre? ¿Qué rol juega Chile en la Bolsa de Metales de Londres? ¿Es rentable invertir para aumentar el consumo de cobre en India, Indonesia, Brasil u otros mercados emergentes? Los gobiernos tampoco asignan mayor inversión al sector minero porque no se dan cuenta de su efecto multiplicador y, en los hechos, nadie ha logrado convencerlos de hacerlo.
Con un precio bordeando los US$ 6 la libra, los conflictos geopolíticos globales en torno a los minerales críticos y muchas otras señales, parece increíble que en la política se valore tan poco la importancia de la minería como la gran palanca del crecimiento económico de Chile.
Es por ello que me alegré al saber de la visita de José Antonio Kast al Presidente Javier Milei, n la que, con seguridad, se abordó la complementariedad entre Chile y Argentina como una vía para acelerar el desarrollo minero del país vecino. Lo mismo ocurrió cuando escuché al Presidente de Panamá decir que nuestro Presidente Electo había ofrecido expertos para ayudarlos en su problema con Cobre Panamá, buscando el adecuado equilibrio entre explotación minera y cuidado medioambiental.
Una señal muy positiva, también, es el nombramiento de Santiago Montt como futuro ministro de Minería: un profesional que conoce el sector y ha sufrido -“en vivo y en directo”- los obstáculos que hoy frenan los nuevos proyectos mineros.
Chile ha crecido enormemente como potencia minera. No sólo es cobre… es litio, oro, plata, hierro, tierras raras, hidrógeno verde, y sobre todo conocimiento y experiencia que -en un mundo que avanza hacia bloques geográficamente definidos- puede ponerse al servicio de una América Latina que explote su riqueza minera y logre, por fin, el ansiado desarrollo.
Publicaciones relacionadas
Elmer Cuba, exsocio de Macroconsult y exdirector del Banco Central peruano, cursó un magíster en la Universidad Católica de Chile, donde dice a Ex-Ante que sus “mejores profesores de la UC fueron Vittorio Corbo, Felipe Larraín y Rodrigo Vergara”. Y recordó un curso de econometría que Jorge Quiroz fue a dictar a Lima, Perú.
El guerrero cultural piensa, implícitamente, que el ciudadano es menos inteligente que él. Esa presunción lo lleva a convencerse de que posee la capacidad para transformar el pensamiento de los demás. A los ojos de estos sujetos, la ciudadanía sería una especie de rebaño influenciable, presa fácil de quienes buscan persuadirlos sobre cómo hay que […]
Si la preocupación es profundizar el mercado de capitales y mejorar el desempeño empresarial, la agenda debe avanzar hacia mecanismos que fortalezcan el valor del directorio como garante de confianza frente al mercado.
Salvo por los tópicos y la jerga de este tiempo, el documento del congreso suena arcaico. La perspectiva que ofrece como novedosa está emparentada con el rudimentario anticapitalismo del FRAP en los años 50 y la Unidad Popular en los 60 y 70. ¿Qué idea tienen los líderes del FA de lo que es un […]
No son el problema: son la semilla que multiplica. Cautelar a quienes poseen grandes empresas no es favoritismo, es responsabilidad. Si queremos un país próspero, debemos proteger el entorno que permite que la riqueza se cree, se mantenga y se reinvierta.