El fundador de Fantasilandia y Happyland, Gerardo Arteaga Oehninger, falleció este miércoles a los 81 años. Agrónomo y empresario agrícola, combinó éxitos como el icónico parque del Parque O’Higgins con otros desafíos, como Mundo Mágico, dejando un proyecto de expansión en la comuna de San Bernardo. Aquí su historia.
Qué observar. Este miércoles falleció el empresario y agrónomo Gerardo Arteaga Oehninger (81), fundador de Fantasilandia y de la red de centros de entretenimiento infantil Happyland.
- Su emprendimiento comenzó con una improbable llamada de un sacerdote jesuita, un lote de autos chocadores abandonados y el tránsito a la transformación de esta industria en el país, pese a que él fue un destacado empresario agrícola que se volcó a la exportación de fruta premium, actividad que desarrolló en el Fundo Dos Amalias, en la comuna de Paine.
- En el ámbito gremial fue vicepresidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), un alto dirigente de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS) y presidente de la Feria Internacional de Santiago (FISA).
El encuentro de dos mundos. La historia de Fantasilandia se remonta a los pasillos del Colegio San Ignacio, donde se conocieron Josse Van Der Rest, sacerdote jesuita belga que llegó a Chile en 1958, y el entonces estudiante Gerardo Arteaga.
- Van Der Rest, antes de consagrarse a la vida religiosa, había sido francotirador en la Segunda Guerra Mundial y espía al servicio de los aliados, un tema que solía contar a los jóvenes scouts que lideraba en la “Cruz de la Montaña”. Entre ellos, estaba Arteaga.
- Décadas más tarde, ya convertido en agrónomo y empresario del rubro agrícola y del movimiento de tierra, el empresario recibió un llamado de Van Der Rest, quien le comentó que el Hogar de Cristo enfrentaba una crisis.
- “Me dijo: ‘Estamos totalmente desfinanciados, nuestros viejitos no tienen qué comer mañana y yo necesito conseguir plata’”, recordó Arteaga, según consigna en la página web de Fantasilandia. “Yo no tengo el dinero”, le respondió el empresario. “Consigue un crédito”, le sugirió el sacerdote. “¿Y cómo me vas a pagar?”, insistió Arteaga. “Jamás te voy a pagar, pero tengo unos autos scooters que estamos vendiendo y te puedes quedar con ellos”.
- Los autos chocadores, que habían sido traídos por el sacerdote desde Europa, estaban en muy malas condiciones. Habían sido requisados durante la Unidad Popular y mal cuidados por años. Arteaga pidió un préstamo, aceptó la “chatarra” y la llevó a sus talleres para ver qué podía rescatarse.
- El 29 de diciembre de 1975, los restaurados autos debutaron en el Estero Marga Marga de Viña del Mar, con gran éxito.
De Viña a Santiago. Luego de probar los autos en Viña del Mar y en un sitio frente a lo que hoy es el Parque Arauco, Arteaga viajó a Brasil por negocios.
- En Sao Paulo vio un parque de diversiones recién inaugurado. “Esto hay que hacerlo en Chile”, pensó, según su relato. Apenas regresó a Santiago, compartió la idea con su esposa, María Inés Cerda. Se trataba de un parque de entretenciones y familiar, un proyecto de largo plazo.
- El lunes siguiente, a las 8:00 de la mañana, llamó a la Municipalidad de Santiago. Quien contestó fue el alcalde Patricio Mekis, quien accedió a reunirse cinco días después.
- A pesar de tener solo una idea y un puñado de autos chocadores, Arteaga lo convenció. El municipio le otorgó una concesión de 6,5 hectáreas en el Parque O’Higgins.
- Para concretar el proyecto se sumaron tres socios: Enrique Rodríguez Calvo y los hermanos Juan Pablo y Alfonso Barroilhet Correa, todos con experiencia en negocios agrícolas junto a Arteaga.
- Consiguieron un crédito Corfo, usando un fundo familiar como garantía. También compraron juegos en Europa gracias a las gestiones de Arteaga con empresarios extranjeros, quienes le ofrecieron condiciones favorables.
- El terreno fue entregado mediante una concesión municipal autorizada por el entonces alcalde Mekis, lo que dio inicio a Fantasilandia, el primer parque de diversiones de gran escala en Chile.
El punto de partida. El 26 de enero de 1978, Fantasilandia abrió sus puertas. La construcción del parque tomó solo 115 días. Entre sus primeros juegos estaban el Pulpo, Century 2000, la Mansión Siniestra, el Carrusel, el Ford T, Amor Express, la Alfombra Mágica y, por supuesto, los autos chocadores.
- En la ceremonia inaugural participaron Mekis y el padre Van Der Rest, quien bendijo el recinto y se subió a los scooters que años antes le había vendido a su ex alumno.
- Con el paso del tiempo, Fantasilandia se convirtió en un clásico de la capital, albergando íconos como la Montaña Rusa, la Cuncuna, y atracciones acuáticas y tecnológicas que se renovaban constantemente.
- Su éxito se sostuvo en una estrategia de inversión continua, reinvención del modelo y una visión empresarial de largo plazo, para entonces poco usual en la industria local del entretenimiento.
- En 1984, seis años después de su apertura, el parque fue ampliado en 12.500 m² adicionales, sumando 25 atracciones y superando los cinco millones de visitantes.
- Ese año, la Municipalidad de Santiago declaró como objetivo “regalar Santiago a los niños”, consolidando a Fantasilandia como un símbolo de la ciudad.
De Santiago a San Bernardo. Con más de 45 años de historia, Fantasilandia proyecta ahora su traslado a San Bernardo, en el sector de Chena.
- El nuevo parque contemplará una inversión estimada de US$ 100 millones y promete ofrecer instalaciones de clase mundial.
- El terreno actual del Parque O’Higgins no da abasto a la demanda, y el traslado forma parte del plan de expansión diseñado en vida por Gerardo Arteaga, quien seguía vinculado activamente al proyecto.
Un negocio familiar. Fantasilandia ha sido una empresa familiar, donde la figura de Arteaga siempre fue central. Hoy la gestión la ejerce su hijo mayor, Gerardo Arteaga Cerda.
- Luis Felipe Arteaga está a cargo de la gestión de Happyland en Perú, su hija Maria Carolina del negocio agrícola y del Fundo Dos Amalias en Paine, y José Luis está tratando de emprender en el mundo del entretenimiento en Estados Unidos.
La FISA. Arteaga también fue uno de los protagonistas de la Feria Internacional de Santiago (FISA), otro ícono del Chile de los años 80 y 90.
- En un país que recién se abría al consumo y a la tecnología, la FISA era una vitrina de modernidad: allí se presentaban desde automóviles hasta computadores personales, pasando por electrodomésticos y maquinaria agrícola.
La ilusión de Mundo Mágico. La historia empresarial de Gerardo Arteaga no estuvo ajena a problemas ni a proyectos que no llegaron a puerto. Uno de ellos fue Mundo Mágico, un parque temático que operó en el sector de Cerrillos durante los años 90, y que buscaba replicar el éxito de Fantasilandia con un formato más cultural y educativo.
- Mundo Mágico tenía un diseño más ambicioso en infraestructura, con construcciones permanentes que recreaban pueblos temáticos, zonas de juegos interactivos, y espacios pensados para espectáculos. El modelo, sin embargo, no logró consolidarse.
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