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Agosto 2, 2025

Indemnizaciones: discusión hoy y foco en el futuro. Por Benjamín Villena Roldán

Profesor Asociado del Instituto de Políticas Económicas de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello, investigador LM2C2 y MIPP

Una reforma de la indemnización por años de servicio (IAS), más que otorgar derechos laborales o beneficios en el presente, debe fomentar el empleo formal, los cambios de trabajo eficientes y la adquisición de capital humano que necesitamos para el vertiginoso siglo XXI.


En las últimas semanas, dos visiones sobre las indemnizaciones por años de servicio (IAS) han acaparado el debate en Chile, con efectos relevantes para el mercado laboral. Es crucial analizarlas con detenimiento y plantear un camino que nos prepare para los cambios tecnológicos y demográficos en curso.

La primera propuesta, impulsada por parlamentarios de gobierno, busca eliminar el tope de 11 años en las IAS, estableciendo una indemnización de un sueldo por año de antigüedad sin límite. Es una propuesta alineada con otras que mejoran la posición de los trabajadores que logran permanecer empleados, pero que no considera el impacto que tiene al excluir a muchos de los mayores beneficios por la vía del desempleo o la informalidad. Esto se aprecia más cuando el costo de las políticas no es pagado directamente por el Estado, como los aumentos de salario mínimo.

Las consecuencias son serias. Eliminar el tope de años en las IAS encarece el costo laboral de los trabajadores con más antigüedad. En los primeros años en un trabajo, la experiencia acumulada eleva la productividad, pero luego una mayor antigüedad tiene cada vez menor impacto en el desempeño. Esto podría llevar a las empresas a despedir o informalizar trabajadores antes de que su antigüedad se vuelva impagable.

Además, elevar los costos esperados de contratación también reduce la contratación de personas sin experiencia. Las empresas, especialmente las PYMES, que ya operan con márgenes modestos, se verán aún más renuentes a contratar si cada nuevo trabajador representa una mayor deuda futura con un pago final muy incierto.

Eliminar el tope de IAS también hace más precarias las relaciones laborales a largo plazo. Si el costo de mantener a un trabajador con muchos años de antigüedad se eleva, los empleadores destinarán menos recursos a capacitación o a adopción de tecnologías más productivas que requieran de esa mano de obra experimentada. El encarecimiento del trabajo fomenta la sustitución de trabajadores por tecnologías.

Otra arista del problema: eliminar el tope y mantener la indemnización solo en caso de despido amarra artificialmente a trabajadores a empleos donde son menos productivos para no perder la indemnización acumulada. Al mismo tiempo, esto puede reducir el esfuerzo laboral y generar un clima organizacional adverso, con trabajadores buscando ser despedidos para obtener la indemnización.

En la práctica, la IAS beneficia a muy pocas personas directamente y perjudica a muchas de modo indirecto. La rotación laboral en Chile es tan alta, posiblemente en parte por este tipo de regulaciones, que el potencial beneficio que intenta implementar la ley rara vez se materializa. El costo asociado a la antigüedad laboral por IAS es ya el mayor de la OCDE.

En contraste con esta propuesta, el grupo de economistas “El Puente” plantea una modificación a las IAS que la reemplazaría por una cotización adicional del 1,8% por parte del empleador a la cuenta del Seguro de Cesantía para contratos indefinidos. Al acumularse estos recursos en una cuenta individual del trabajador y realizarse el pago a todo evento, se reducirían sustancialmente los amarres de trabajadores en empleos poco productivos, así como los incentivos para forzar despidos.

Sin embargo, esta propuesta amerita una discusión cuidadosa. Al acumularse importantes recursos en la cuenta del Seguro de Cesantía, existe el riesgo de que los saldos puedan gatillar la búsqueda y el cambio a empleos de menor productividad simplemente por falta de liquidez en el hogar. Un 45% de los hogares chilenos (García et al. 2024) tiene un acceso muy limitado al crédito, por lo que cambiarse de trabajo, con un “gancho” de liberar un fondo de varios sueldos, no es despreciable. A su vez, esta mayor inestabilidad laboral para el empleador lo volvería reticente a capacitar o invertir en tecnología que requiera trabajadores capacitados.

Una solución es instaurar un impuesto al despido sustancialmente inferior al monto de IAS actual, junto con un seguro de cesantía que cubra una mayor duración del desempleo y con más aportes a la cuenta del Seguro de Cesantía luego de encontrar empleo. Con esto se logra mayor protección junto con más incentivos a buscar y encontrar trabajo. Adicionalmente, es posible mejorar el monitoreo de la búsqueda activa de empleo y promover la capacitación para este grupo. El impuesto desincentiva los despidos arbitrarios y logra que el empleador considere en su decisión que un nuevo desempleado carga con un estigma que complica su búsqueda de empleo, eleva los costos de seguridad social actuales y futuros, y le hace aún más difícil encontrar empleo a otras personas.

Esta era conjuga cambios tecnológicos, mayor expectativa de vida y una natalidad menguante. Quienes trabajamos hoy viviremos más y tendremos menos jóvenes que nos reemplacen. Tendremos carreras laborales más largas, en las que nuestras habilidades pueden volverse obsoletas. Será necesario acumular experiencia y elevar la productividad, lograr relaciones laborales exitosas y mantener un proceso de actualización continua de habilidades. Una reforma de la IAS, más que otorgar derechos laborales o beneficios en el presente, debe fomentar el empleo formal, los cambios de trabajo eficientes y la adquisición de capital humano que necesitamos para el vertiginoso siglo XXI.

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