No pasó desapercibido: entre las mujeres, un 59% rechazó la propuesta del Consejo Constitucional liderado por la derecha, comparado con un 52% entre los hombres. La hipótesis más plausible es que Republicanos cometió un error fatal insistiendo en la prohibición del aborto. Las mujeres le dieron la espalda a la derecha.
Si desagregamos los resultados de la elección presidencial de 2021, se observa una tendencia similar: las mujeres, especialmente mujeres jóvenes, votaron por Gabriel Boric. O, quizás mejor dicho, votaron contra José Antonio Kast, porque lo interpretaron como un potencial retroceso en igualdad de género. Aunque los temores de que Chile se transformara en la distópica República de Gilead que describe Margaret Atwood se exageraron, es evidente que la autodenominada derecha “sin complejos” tiene un discurso crítico de la reivindicación feminista.
Que las mujeres voten por alternativas más progresistas puede considerarse una novedad. En la épica contienda Lagos versus Lavín, la leyenda cuenta que Eugenio Tironi asignó un rol protagónico a Soledad Alvear para proyectar estabilidad y seguridad. Las dueñas de casa de clase media y trabajadora, se decía, le tenían susto a Lagos. Había que suavizarlo, justamente porque la sabiduría acumulada indicaba que las mujeres votaban por la derecha.
Pero eso está cambiando. Según estudios recientes, hombres y mujeres jóvenes están tomando opciones políticas muy distintas: ellas van por la izquierda, ellos van por la derecha. Las mujeres de la nueva generación apuestan por las alternativas progresistas que reconocen sin bemoles sus derechos, y los hombres… no están tan seguros. En países tan distintos como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Corea del Sur, se ensancha hasta un 30% la brecha entre las preferencias políticas de hombres y mujeres jóvenes.
¿Por qué ocurre esto? La hipótesis recurrente es que el movimiento #metoo dejó sus esquirlas. Es decir, que los hombres -especialmente los más jóvenes- se sintieron hostigados, acechados, patrullados, por el ambicioso programa de rendición de cuentas de las mujeres. Muchos se “deconstruyeron” e hicieron todos los actos de contrición posibles. Pero los funaron igual. Entonces se sacaron la máscara y votaron por la derecha en represalia.
Pasó en Argentina. En un reciente episodio del podcast El Hilo, un padre peronista de izquierda le recrimina a su hijo que vote por Milei. Lo educó con valores progresistas y lo vio salir a marchar con sus compañeras de pañuelo verde. El muchacho contesta que le importa más la economía. Pero, en el fondo, reconoce que está enojado “con las minas”. “Escracharon” injustamente a un par de amigos y canceló su suscripción a la corrección política. Un reciente artículo de la revista Anfibia lo confirma: en Argentina, ser hombre y menor de 25 años es un muy buen predictor de conservadurismo.
La gran pregunta es si acaso esta brecha permite especular con un nuevo clivaje hacia el futuro, tomando en cuenta que la juventud son los “años impresionables” que definen la pertenencia política. Si la pregunta relevante para establecer la frontera política ya no es por la clase social ni la religión, como lo fue tradicionalmente, ni siquiera por la posición frente a la inmigración, como ocurre actualmente en Europa, sino por el sexo ¿qué efectos tiene sobre el régimen democrático?
Si los números que estamos conociendo son consistentes en el tiempo, habrá que darle un nuevo significado a la expresión “guerra de los sexos”.
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