Algo importante está por llegar

Tiempo restante
00 Días
00 Horas
00 Minutos
00 Segundos

Miedo, refugio y venganza: el retorno del nacionalismo. Por Héctor Soto

Ex-Ante

Para Eric Storm, profesor de la Universidad de Leiden, el auge del nacionalismo responde tanto al triunfo del populismo como al descrédito de las instituciones internacionales y de la globalización liberal. El temor es que hace un siglo apuestas muy parecidas a la actual llevaron al mundo a un descalabro descomunal.


Aunque sea duro reconocerlo, es difícil dar en los últimos años con un fenómeno político más exitoso que el nacionalismo. Difícil, también, dar con otro que sea más elusivo o jabonoso. Cuesta entenderlo y cuesta aún más atraparlo. Definirlo solo a partir de una cierta homogeneidad racial, lingüística, histórica o cultural es quedarnos cortos. Pero decir que la etnia, el idioma, el territorio o los valores compartidos apenas importan es, por otro lado, pasarnos de largo.

Un reciente estudio de Eric Storm sobre el tema, Nacionalismo, una historia mundial, profundiza la correlación que existe entre el nacionalismo como ideología y los llamados estados-nación. En contra de lo que podamos creer, el nacionalismo es mucho más nuevo de lo que suponemos. Y es un constructo, por así decirlo; en ningún caso, otra más de las verdades de la naturaleza. Es posible que sentimientos nacionales hayan existido siempre, pero es con el nacimiento de los estados-nación, en particular después de la revolución francesa y de la revolución americana, cuando estas pulsiones alcanzan un protagonismo en la historia que nunca habían tenido.

El nacionalismo ni siquiera fue una quimera en la época de los grandes imperios. De hecho, solo vino a mostrar sus dientes una vez que el estado-nación, a través de su maquinaria propagandística, lo capturó para los fines de delimitar su soberanía sobre un territorio y sobre una o más comunidades culturales y lingüísticas, a partir de un relato de identidad que, junto con igualar, también permitía distinguir y segregar.

Se iguala a los que están dentro y se segrega a los que quedan fuera. No solo eso: convertido en credo moral de la república, el nacionalismo tiene una carga de superioridad, de miedo, de violencia e incluso de odio. De ahí su peligrosidad. Hay un punto en que el nacionalismo se aparta por completo del candor y la buena fe del patriotismo. Está bien la defensa de lo que es propio. Pero no está tan bien suponer que la mejor defensa sea el ataque.

Para Storm, el nacionalismo es -junto con el capitalismo y el marxismo- la tercera gran matriz del mundo moderno. Y es por lejos la fuerza con mejor pronóstico en la actualidad, en especial desde que los movimientos de derecha lo vienen reivindicando como escudo contra la inmigración, la desintegración cultural y el relativismo de las políticas minoritarias de identidad.

¿Qué es primero, el huevo o la gallina? ¿Fue primero el nacionalismo o primero el estado-nación? Para el estado-nación, heredero de la monarquía, el nacionalismo fue una vía de legitimación que apelaba al sentimiento y a la épica. Aparte de garantizar a sus súbditos ciudadanía, igualdad ante la ley y Estado de Derecho, el estado-nación también proveía relato, identidad y emoción.

Storm prueba que no es cierto que los imperios hayan sido enteramente insensibles a la idea de nación. La reconocían, pero la contenían y obviamente se cuidaban de atizarla. De suerte que fueron los estados-nación los que se encargarán de echar leñas a esta hoguera. Lo hicieron hasta incendiar la pradera, primero con guerras acotadas en el siglo XIX y, más tarde, con el descalabro físico, político y espiritual que significó la Primera Guerra Mundial, justamente la guerra de las nacionalidades.

No obstante ser un libro extenso y que casi nunca se sale del plano de las generalidades, lo cual puede generar algún nivel de frustración en el lector, muchas de las observaciones del autor son agudas y clarificadoras:

-Curiosamente el estallido de los nacionalismos es otro de los efectos no deseados de las aventuras imperiales de Napoleón. A este respecto el libro es muy revelador. Derrotado y todo, después de su efímero imperio, el mundo, de Portugal a Rusia, de Suecia a Egipto, ya no volvió a ser el mismo. El huevo de la serpiente había incubado. No era ciertamente lo que Napoleón hubiese querido. Pero fue lo que con mayor éxito logró.

-Aunque el nacionalismo surge en principio de las entrañas de una comunidad, con frecuencia también le debe mucho a corrientes foráneas. Dicho de otro modo, no es una planta tan autóctona como presume. A menudo pareciera operar por olas, como en el caso de la Primavera Árabe. Y como casi siempre ha sido estudiado en forma aislada, con perspectiva solo doméstica, tendemos a explicarlo más a partir de la acción de activistas y patriotas que de fenómenos externos (crisis, guerras, invasiones, contingencias internacionales) que, sin embargo, suelen ser decisivos.

-No tiene nada de anecdótico y Storm le concede a esto gran importancia. Podría ser incluso una de las sorpresas de su libro. En la actualidad, más allá de las banderas, los escudos y los himnos nacionales, los grandes agentes del nacionalismo son el folclor, los grandes eventos deportivos, las selecciones de fútbol, las exposiciones universales, el nacionalismo gastronómico y la nacionalización del paisaje, tanto rural como urbano.

-El nacionalismo puede ser tanto de izquierda como de derecha. Se acomoda con la misma facilidad a uno y otro lado del espectro político. Unos y otros conviven bien con las pasiones nacionalistas, pero no tan bien -desde luego- con el Estado de Derecho. Hoy nadie discutiría que el nacionalismo tributa más bien a la derecha, por Trump, por el Brexit, por Orbán y los partidos y movimientos antiinmigrantes. Pero ayer no más se prestó para los desafueros de la desastrosa revolución bolivariana de Hugo Chávez, para el radicalismo plurinacionalista de Evo Morales (que el ensayo reconoce como el non plus ultra de la fragmentación de una sociedad) y también para que varios otros tránsfugas que se instalaran en terrenos aledaños.

Nadie lo hubiera dicho. Desbancado el comunismo por sus propias ineficiencias y agotada la globalización que prometió el neoliberalismo, el nacionalismo vuelve otra vez por facturas y cuentas pendientes. Es como para estar en alerta. La última vez que lo hizo, a mediados de 1914, fue un descalabro y cuesta creer que alguien ahora esté por repetirlo.

 

Nacionalismo. Una historia mundial. Eric Storm. Ed. Crítica. 2025. 688 pp.

 

Publicaciones relacionadas

Abogado y académico

Julio 27, 2026

La farsa de la “batalla cultural”. Por Álvaro Vergara

El guerrero cultural piensa, implícitamente, que el ciudadano es menos inteligente que él. Esa presunción lo lleva a convencerse de que posee la capacidad para transformar el pensamiento de los demás. A los ojos de estos sujetos, la ciudadanía sería una especie de rebaño influenciable, presa fácil de quienes buscan persuadirlos sobre cómo hay que […]

Directora del Centro Futuros Empresariales de la Escuela Negocios UAI

Julio 27, 2026

El mercado de capitales también se juega en el directorio. Por Magdalena Aninat

Si la preocupación es profundizar el mercado de capitales y mejorar el desempeño empresarial, la agenda debe avanzar hacia mecanismos que fortalezcan el valor del directorio como garante de confianza frente al mercado.

El Frente Amplio y la ensoñación estatista. Por Sergio Muñoz Riveros

La directiva del Frente Amplio en junio, durante su congreso ideológico. Foto: Agencia UNO.

Salvo por los tópicos y la jerga de este tiempo, el documento del congreso suena arcaico. La perspectiva que ofrece como novedosa está emparentada con el rudimentario anticapitalismo del FRAP en los años 50 y la Unidad Popular en los 60 y 70. ¿Qué idea tienen los líderes del FA de lo que es un […]

Presidente Instituto Libertad

Julio 26, 2026

El 1% que sostiene el crecimiento. Por Rafael Aldunate

No son el problema: son la semilla que multiplica. Cautelar a quienes poseen grandes empresas no es favoritismo, es responsabilidad. Si queremos un país próspero, debemos proteger el entorno que permite que la riqueza se cree, se mantenga y se reinvierta.

Ex-Ante

Julio 26, 2026

America First: el golpe arancelario de Trump a Chile. Por Ignacia Munita

Estados Unidos anunció nuevos aranceles para productos chilenos como salmones, vinos, madera y frutas. La medida podría reducir la competitividad de las exportaciones nacionales y confirma que, bajo la doctrina America First, las afinidades políticas no garantizan un trato comercial favorable.