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No tengo pruebas, pero tampoco dudas. Felipe Jaque

Economista jefe de BICE

Más allá de la controversia que hemos visto por meses, lo responsable (y deseable) sería ocuparse de esta transición que estamos viviendo en el mercado laboral.


A riesgo de sufrir una funa por parte de economistas de varios frentes, esos que no escatimaron en críticas al noble esfuerzo académico del staff del Banco Central para buscar factores detrás del puzle que muestra nuestro mercado laboral, vamos a aventurarnos en mirar algunos componentes preocupantes. ¿Es una crisis? Quién sabe. ¿Es estructural? Ojalá que no.

La idea es escarbar con un poco más de detalle las más recientes cifras de la encuesta publicada por el INE esta semana. Parece pertinente, dado que, después del entusiasmo por el crecimiento de los meses previos, el ritmo parece haberse enfriado.

Desde principios de 2024 que las cifras de empleo se han estancado, con un total de ocupados que ha oscilado en torno a 9,3 millones, con la creación de un poco más de empleo en educación, salud y sectores ligados a tecnología y ciencia (unos 150 mil puestos), contra la destrucción de puestos de trabajo en los sectores agrícola y comercio (unos 175 mil puestos).

Pero cuando miramos por nivel de educación hay algunos números que se ven más abultados y con cambios preocupantes. Para los trabajadores sin educación formal, educación primaria y secundaria, se han destruido cerca de 350 mil empleos, que se ven levemente compensados con la creación de casi 400 mil empleos para personas con educación técnica, profesional y a nivel de postgrado.

¿Qué factores pueden estar detrás de esta transformación? Sin ningún paper académico de por medio, pero mirando algunas de las conclusiones de los estudios disponibles, podría ser que el aumento de los costos laborales sea una de las razones detrás de la pérdida de empleo de las personas menos calificadas dado que su productividad compite directamente con un mayor salario mínimo y otros tipos de costos que se incrementado en el último tiempo.

Es cierto también que esto ocurre en medio de la irrupción de la automatización de procesos a mayor escala con la introducción de la famosa inteligencia artificial, algo que agrega aún más competencia a los trabajadores menos calificados del mercado. Acá es donde entra el reciente estudio del Banco Central.

Una explicación de por qué la tasa de desempleo no aumenta con más fuerza en este segmento es que la caída del empleo de los menos calificados podría estar acompañada de una menor oferta de mano de obra. Algo similar se aprecia en Estados Unidos, donde los mayores controles migratorios se reflejan en menor empleo, pero también en una reducción de la fuerza de trabajo. Así, el fenómeno termina con salarios estables o incluso al alza (teóricamente), y un impacto menor sobre el desempleo.

Cabe mencionar que, si bien no se cruzan exactamente, las personas fuera de la fuerza de trabajo que están en edad de hacerlo han aumentado en cerca de 170 mil en el periodo 2024-2025. Otra forma de verlo es que, si bien la tasa de desempleo se mantiene casi intacta en 8,6% desde principios de 2024, la tasa de participación laboral que iba camino a retomar los niveles pre pandemia, se estancó por debajo del 62%.

Puede parecer menor, pero la comparación con otras economías (en particular de la OCDE) muestra que Chile está rezagado en este punto. Hay algunos estudios que revisan en detalle este fenómeno, por ejemplo, en el Centro de Estudios Públicos (CEP). ¿Esto es un signo de que las mejores condiciones de pensión han llevado a que ciertos segmentos escojan no volver al mercado laboral? Es una opción, en particular si consideramos que la menor recuperación en la participación laboral se da en los segmentos de 55 a 64 años.

Lo que subyace en esta decisión es que, al comparar el costo de oportunidad de salir del mercado laboral y acceder a una pensión, los ingresos que se dejan de obtener gracias a un empleo no son suficientemente atractivos o se tornan difíciles de obtener, sobre todo para los menos calificados.

¿Debiésemos estar tranquilos con estos problemas de empleabilidad, productividad laboral y oportunidades? Uno creería que no. Mayores expectativas de vida ponen hacen cuesta arriba el financiamiento de periodos de pensiones -mayoritariamente públicas para estos segmentos- cada vez más largos.

Más allá de la controversia que hemos visto por meses respecto de estos temas, lo responsable (y deseable) sería ocuparse de esta transición que estamos viviendo en el mercado laboral; yendo más allá de la constatación del problema y de declaraciones que ponen en evidencia la deficiencia de nuestras políticas públicas en la entrega de oportunidades para los segmentos más expuestos a las transformaciones de la economía global. Parecen tareas prioritarias para cualquier gobierno. Ojalá alguien se ocupe.

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