-La elección dejó a la candidata que tenía, a juicio de los expertos, el mejor programa económico en quinta posición. ¿Cómo van a confluir sus propuestas con las de Kast?
-Los resultados estuvieron en la línea de lo que se esperaba, pero con una diferencia importante: la izquierda se mostró más debilitada y la derecha más fortalecida de lo previsto. La probabilidad de que Kast sea el próximo Presidente es bastante alto, y eso explica la reacción inmediata de los mercados.
Más allá de las diferencias entre los programas de Kast y Matthei -que sí existían, así como diferencias entre los equipos-, la segunda vuelta debe mirarse desde otra perspectiva. Kast va a tener que ir a buscar al electorado de centro, especialmente los 12 o 13 puntos que obtuvo Matthei, aunque no todos migren. También debe captar a una parte de los votantes de Franco Parisi.
-¿Pero ve a Kast modificando su programa?
-No creo que Kast vaya a modificar de manera radical su programa, pero sí tendrá que moderar ciertos énfasis y ajustar prioridades. La señal de Matthei al ir personalmente a reunirse con él fue potente, aunque su conglomerado es más amplio e incluye sensibilidades como Demócratas y Amarillos. El electorado de centro-derecha se alineará detrás de Kast.
-En términos técnicos, ¿ves compatibilidad entre los equipos económicos de Kast y Matthei?
-Sí, completamente. A nivel técnico, tanto el equipo de Kast -que lidera Jorge Quiroz- como quienes trabajaron en el programa de Matthei comparten los fundamentos económicos: necesidad de crecimiento, de facilitar la inversión, de ordenar y hacer más eficiente el gasto público y de mejorar el funcionamiento del aparato estatal.
Puede haber matices, pero no existen diferencias de fondo sobre hacia dónde debe moverse la economía chilena. Y eso facilita mucho una convergencia programática.
-El nuevo Congreso no dejó mayorías claras. ¿Limitará eso la agenda de un eventual gobierno de Kast?
-Sí, y de forma importante. Para implementar un programa más agresivo, Kast necesitaba un Parlamento alineado. Y no lo consiguió. El Senado quedó prácticamente igual y la supuesta mayoría simple en la Cámara es extremadamente circunstancial. Hay partidos con posiciones poco definidas y diputados con historial de díscolos.
Esto implica que la relación política entre el Ejecutivo y el Congreso será clave, y la figura que asuma esa coordinación tendrá un rol decisivo. La falta de un Parlamento afín obligará a moderar propuestas, ajustar ritmos y priorizar aquello que tenga más posibilidad de consenso.
Si la derecha hubiese logrado una mayoría sólida, Kast tendría menos incentivos para moverse hacia el centro. Pero ese no es el escenario. Y, por lo mismo, se abre espacio para que elementos del programa de Matthei se integren al de Kast sin mayores tensiones.
-¿Ve la posibilidad de cambios significativos en 2026 si Kast llega a La Moneda, o esperas una recuperación más gradual?
-Los mercados están leyendo que, si Kast gana -y la probabilidad es alta-, su gobierno apuntará a destrabar proyectos, empujar la inversión y acelerar procesos que llevan varios años detenidos.
No creo que veamos una baja de impuestos en el corto plazo, porque no hay espacio fiscal. Pero sí veremos medidas para agilizar permisos, flexibilizar procesos administrativos y acelerar la inversión, incluso con herramientas transitorias.
Para 2026, el Banco Central proyecta un crecimiento entre 1,75% y 2,75%. Con el resultado electoral y el escenario político actual, el tramo alto se vuelve más probable. El tramo bajo pierde fuerza.
-¿Qué factores sostendrían ese mayor crecimiento?
-Creo que veremos un tres posibles medidas que apuntalen ese crecimiento:
Además, hemos visto una recuperación reciente en maquinaria y equipo. Pero el gran salto esperado para 2026 es la recuperación de la inversión en construcción, que hoy está en niveles muy bajos.
Con ese cuadro, la expectativa razonable es un crecimiento entre 2,5% y 2,8% en 2026, más que cercano al 2% inicial que manejaba el mercado.
-¿Qué lectura personal haces del resultado y del comportamiento del electorado?
-Lo primero es el impacto del voto obligatorio. Había mucha incertidumbre sobre cómo se comportaría ese grupo. Y resultó determinante.
La alta votación de Parisi -pese a un programa con promesas difíciles de cumplir- muestra que un segmento importante del país se sintió interpretado por un discurso ajeno a las estructuras políticas tradicionales. Eso obliga a reflexionar sobre qué están buscando esas personas.
-¿Qué le sorprendió más?
-Me queda una gran duda sobre dónde está el votante de centro y centroizquierda que se creía que iba a respaldar a una figura amplia como Matthei. Eso no ocurrió. Y esa ausencia es significativa.
También se confirma que la derecha tradicional -UDI y RN- enfrenta un desafío parecido al que vivió la DC años atrás: su espacio electoral se diluye mientras partidos más nuevos, como el PDG, capturan adhesiones sin una identidad programática clara.
-¿Qué implica eso para el Parlamento y para la gobernabilidad?
-Implica un escenario mucho más complejo. La presencia de partidos diversos, diputados bisagra y bloques sin cohesión interna dificultará la construcción de mayorías estables. Será un Parlamento más incierto, con mayor volatilidad política y con riesgos para la capacidad de avanzar en reformas estructurales.
Y eso, precisamente, explica por qué Kast deberá moderar y negociar más de lo que anticipaba su programa original.
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