La pregunta de por qué individuos, aparentemente íntegros, incurren en actos deshonestos, especialmente en el mundo corporativo y en el crimen de cuello blanco, es cada vez más relevante. La respuesta, según los expertos, no solo reside en la falta de moral, sino en la psicología humana detrás de las decisiones. Hoy en día, los programas de ética empresarial están evolucionando, yendo más allá de las reglas y los castigos para centrarse en el comportamiento conductual.
Un enfoque más efectivo en los programas de compliance o cumplimiento corporativo, sugiere que las empresas deben tratar a sus empleados como sus “clientes internos” en materia de ética. En lugar de diseñar programas solo para satisfacer a los reguladores o evitar sanciones, la clave está en entender cómo las personas toman decisiones éticas en su día a día.
Aquí es donde entran en juego dos conceptos clave: las racionalizaciones y el desvanecimiento ético.
Racionalizaciones: Son las justificaciones que las personas crean, incluso antes de cometer una falta, para hacer que un comportamiento inmoral sea psicológicamente aceptable. Es una forma de autoengaño que permite a los individuos actuar por interés propio mientras, de manera errónea, creen mantener sus principios morales.
Desvanecimiento ético: En este fenómeno, la dimensión moral de una decisión desaparece. La persona deja de percibir las implicaciones éticas de su acción, volviéndola “incolora”. Educar sobre principios morales en este estado resulta inútil, ya que la persona no ve que su decisión tenga un componente ético.
Para lograr este autoengaño, a menudo se recurre a eufemismos lingüísticos. Por ejemplo, hablar de una “comisión” en lugar de un “soborno”. Otro mecanismo es la pendiente resbaladiza, donde pequeñas transgresiones se acumulan gradualmente, sin que se perciba el deterioro ético general. Este proceso es un “blanqueador ético” que elimina las caracterizaciones morales negativas de una decisión.
Si las empresas quieren prevenir de forma efectiva las malas conductas, deben ir más allá de los cursos de capacitación. La solución pasa por una infraestructura ética sólida, donde todos los elementos de la organización refuercen los valores morales.
Reconocer la omnipresencia del autoengaño en la toma de decisiones.
Cuestionar de forma abierta las justificaciones que los empleados usan para racionalizar sus acciones.
Identificar las señales del entorno que promueven el autoengaño.
Fomentar un diálogo abierto sobre estas racionalizaciones. Hablar sobre ellas es una de las mejores formas de evidenciar su insuficiencia y fortalecer los programas de cumplimiento.
En conclusión, las herramientas tradicionales de compliance deben complementarse con estas estrategias conductuales. Entender la psicología humana y cómo el autoengaño influye en las decisiones es el camino para construir una cultura organizacional verdaderamente ética.
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— Ex-Ante (@exantecl) September 16, 2025
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