Parte el 2025 y durante enero el Gobierno ingresaría su último proyecto tributario: la reforma del impuesto a la renta. Luego de la fallida reforma del 2023 el ministro de Hacienda, Mario Marcel, se juega su última carta y, para salir airoso, deberá poner especial atención al inesperado consenso del año que dejamos atrás: la necesidad de volver a crecer.
Para partir bien esta discusión, los objetivos de la reforma deben sincerarse. Si el Ejecutivo ya anunció que el proyecto será fiscalmente neutro, descartemos de plano que sus fines serán recaudatorios. Segundo, si la principal medida es una rebaja significativa del impuesto corporativo, el fin del proyecto es reactivar la inversión.
Por muy simple que parezcan estas distinciones, es importante plasmarlas desde un inicio ya que, en el calor de la discusión legislativa, los objetivos de los proyectos suelen desdibujarse en desmedro de agendas sectoriales. Por ejemplo, algunos parlamentarios oficialistas ya han planteado incluir medidas como la tasa “Robin Hood” o reflotar la pésima idea de un “impuesto al patrimonio”.
¿Cuál debería ser, entonces, el propósito de modificar una vez más la ley de rentas? Con una economía estancada, que no es capaz de enmendar el rumbo, el objetivo debe ser uno solo: tener una reforma pro-inversión y pro-crecimiento, que simplifique nuestro actual sistema y que entregue certezas de largo plazo.
¿Cómo financiar la reforma? Disminuir en cuatro puntos el impuesto corporativo tiene un costo fiscal anual de 0,6% del PIB (Comisión Marfán, 2023). Si eliminamos con determinación exenciones que hoy no tienen justificación como la renta presunta; igualamos el impuesto al diésel al de las bencinas; y aumentamos el impuesto a los alcoholes, hay recursos de sobra. A esto hay que agregar la mayor recaudación en el largo plazo que genera el crecimiento adicional de esta medida (0,4% del PIB en 10 años).
El ministro Marcel tiene una última oportunidad para reivindicar la importancia del crecimiento económico en la agenda de un gobierno al que le queda poco tiempo y que perderá trascendencia con cada día que pase de este 2025. Ojalá que partamos bien este (último) año y este proyecto se haga cargo de la urgente necesidad de volver a crecer.
Publicaciones relacionadas
El guerrero cultural piensa, implícitamente, que el ciudadano es menos inteligente que él. Esa presunción lo lleva a convencerse de que posee la capacidad para transformar el pensamiento de los demás. A los ojos de estos sujetos, la ciudadanía sería una especie de rebaño influenciable, presa fácil de quienes buscan persuadirlos sobre cómo hay que […]
Si la preocupación es profundizar el mercado de capitales y mejorar el desempeño empresarial, la agenda debe avanzar hacia mecanismos que fortalezcan el valor del directorio como garante de confianza frente al mercado.
Salvo por los tópicos y la jerga de este tiempo, el documento del congreso suena arcaico. La perspectiva que ofrece como novedosa está emparentada con el rudimentario anticapitalismo del FRAP en los años 50 y la Unidad Popular en los 60 y 70. ¿Qué idea tienen los líderes del FA de lo que es un […]
No son el problema: son la semilla que multiplica. Cautelar a quienes poseen grandes empresas no es favoritismo, es responsabilidad. Si queremos un país próspero, debemos proteger el entorno que permite que la riqueza se cree, se mantenga y se reinvierta.
Estados Unidos anunció nuevos aranceles para productos chilenos como salmones, vinos, madera y frutas. La medida podría reducir la competitividad de las exportaciones nacionales y confirma que, bajo la doctrina America First, las afinidades políticas no garantizan un trato comercial favorable.