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Reforma Previsional: Las cartas sobre la mesa. Por Sebastián Izquierdo R.

Coordinador Académico del CEP

Desde el propio oficialismo han suscitado diferencias, como la eliminación del retiro programado y la falta de una compañía de seguro estatal para las rentas vitalicias. En la otra esquina, Chile Vamos básicamente propone no innovar.


¿Será la actual reforma previsional un nuevo ejercicio fallido? De lo que no hay dudas, es de que tal como está, todo indica que este tercer intento no tendrá éxito. Basta ver la propuesta levantada por los partidos de Chile Vamos la semana pasada: obvia todo el debate que ha existido en los pasados intentos de reforma y se arranca a un extremo que da escaso espacio para acuerdos –la propuesta oficialista tampoco se salva de esto–.

¿Deberemos resignarnos al hecho de que no contaremos con la tan anhelada reforma de pensiones? Creo que no es necesario ser tan pesimistas. Más bien debemos tener claro que, como en toda negociación, las soluciones emergen de un proceso de aprendizaje. Hoy resta acercar las distantes posiciones, dejar los polos ideológicos y las ambiciones personales que entorpecen el necesario pacto previsional entre todas las fuerzas políticas. Las negociaciones llevan tiempo, es cierto, pero ahora es hora de actuar, las cartas están sobre la mesa.

Atrás quedó el programa de gobierno con los resultados del plebiscito pasado. Hoy todo indica que la misma suerte podría correr la reforma al sistema previsional, pese a que el objetivo es compartido transversalmente -solucionar uno de los problemas estructurales de mayor impacto en la calidad de vida-, los instrumentos propuestos no han concitado ni los más mínimos acuerdos. A mi juicio, es más creativa de lo que se requiere. Pues sugiere un alambicado sistema de “vale por” (llamado nocional) como fórmula para inyectar solidaridad mediante las cotizaciones laborales, cuando sabemos que no es necesario inventar la rueda. También, con la intención de que la industria de AFP se termine, se hace una verdadera reingeniería a toda la institucionalidad, que termina por generar más sospechas en sus costos que en los potenciales beneficios (Izquierdo, S. y Quiroga, J.  2023).

Disidencias por doquier. Desde el propio oficialismo, más bien desde las propias filas de la Ministra del Trabajo (PC), se han suscitado diferencias, como la eliminación del retiro programado y la falta de una compañía de seguro estatal para las rentas vitalicias. La semana pasada el PDG y la DC desahuciaron la figura de que el 6% de cotización adicional se anote en una cuenta nocional. En la otra esquina, Chile Vamos básicamente propone no innovar. Que el 100% de la solidaridad provenga de la PGU. En otras palabras, desconocen las bajas tasas relativas de reemplazo de los segmentos medios de la población, donde trabajadores con salarios mayores a 37 UF poseen una tasa del 42% incluyendo la PGU (Ugarte, G. y Vergara, R. 2022), como también las abismantes diferencias de las pensiones de género, que según estimaciones la pensión de la mujer llega a ser hasta 60% menor que la del hombre (Disparidad bajo la lupa, CEP 2023). Y acerca de la industria, al final, uno desprende que la intención es más bien tímida en inyectar mayor competencia al sector.

Nodos hay varios, partamos entonces por ir dilucidando un par de interrogantes:

  • Si el diagnóstico es que las actuales pensiones no son suficientes y que cualquier mejora que hagamos hoy tendrá efectos en décadas. ¿Cómo lo hacemos para brindar beneficios intra e intergeneracionales? PGU fue un gran paso, pero por ser un beneficio homogéneo y universal no nos permite abocarnos en el apremiante desafío que tenemos con la clase media. O diseñamos un instrumento nuevo ad hoc, o más bien, la oposición tendrá que ceder en un par de puntos de cotización para inyectar esta solidaridad (Ugarte, G. y Vergara, R. 2023) y, a su vez, el oficialismo tendrá que desechar su alambicada propuesta nocional.
  • ¿Más competencia? Debiera ser siempre una preocupación. Si eso pasa por más actores, centralizar ciertas funciones o ampliar las licitaciones de afiliados, bien. Si es desmantelar el sistema completo, desconociendo sus aciertos y debilidades, mal. Propuestas hay.

En el mazo no hay comodines, menos mano perfecta. El problema de pensiones es complejo, los diferentes sectores políticos habrán de botar cartas al pozo -como las cuentas nocionales y que las cotizaciones adicionales se destinen exclusivamente a las cuentas individuales- además de sacar más naipes del mazo -como la baja edad de jubilación y la informalidad-. Las cartas ya están barajadas en la mesa del congreso, la negociación ya comenzó, el éxito dependerá de la capacidad de los jugadores en lograr concitar las mayorías.

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