Hace meses que vengo “columneando” pesimistamente en materia política. Primero como alerta, finalmente como derrota. He dicho que luego de 4 años, desde 2019, hemos fracasado. La política ha fallado en dos procesos constitucionales y en ofrecer soluciones para mejorar la vida de las personas. La democracia está menos valorada, ha ganado la polarización y se ha ensanchado el espacio para las “motosierras”.
¿Pesimista en materia política? Sí. ¿Respecto del curso del país en general? No tanto.
Al levantar un poco la mirada, veo que como sociedad hemos avanzado en otras temáticas tan relevantes como la transición energética. Parte importante de este avance es la disposición favorable de la población para enfrentar los desafíos del cambio climático.
Constato esto, a propósito de una encuesta que realizamos en Criteria en conjunto con Colbún para tener una línea base sobre subjetividades y reflexiones sociales sobre estos temas.
Si bien, como era esperable, el cambio climático no tiene la prioridad de temáticas como seguridad, salud y economía, la verdad es que los resultados son bastante alentadores. En primer lugar, porque entre la ciudadanía hay un grado importante de conciencia y preocupación por el impacto que el cambio climático está teniendo para Chile. Una mayoría percibe algo que tiene mucho asidero según la ciencia: que Chile es y será uno de los países que más se verá afectado por el cambio climático.
En segundo lugar, y quizás por los temores expresados anteriormente, los chilenos no somos negacionistas de la crisis climática y sus efectos. Sólo un 3% de los encuestados cree que el cambio climático nunca producirá efectos notorios en el planeta, mientras que para el 79% los efectos ya son palpables. En cuanto al país, un 62% considera que estos efectos ya se perciben y otro 22% que se percibirán en 10 años más. Un muy minoritario 6% niega impactos negativos para el país debidos al calentamiento global.
En este contexto de creciente conciencia, la población está disponible para cambiar hábitos que aporten a mitigar la huella de carbono de nuestras acciones en el planeta. Es así como son muy mayoritarias las disposiciones a introducir cambios importantes en modos de vida que ayuden a enfrentar el cambio climático. También se aprecia masivo interés por modificar la infraestructura de los hogares y las conductas en materia de consumo y reciclaje. Y si bien estas motivaciones están todavía muy condicionadas por las posibilidades económicas de las personas y los apoyos ofrecidos por los municipios, ya son varios quienes han trasformado algunos de sus hábitos.
El cambio climático sin duda asusta, pero también moviliza. Por lo mismo, la sociedad busca cómo orientar sus acciones al tiempo que se familiariza con conceptos como transición energética (48% ha visto o leído sobre el tema) o descarbonización de la matriz energética (36%).
Complementariamente, se aprecia que la ciudadanía entiende que frente a la emergencia este tiene que ser un esfuerzo conjunto entre estado, empresas y sociedad. Y lo más notable es que, a diferencia de la mayoría de las frustraciones que se expresan respecto de las políticas públicas, un 47% de la población destaca avances significativos en la implementación de fuentes de energías renovables en el país.
No dudo de que a muchos de los que leen esta columna se les aparecerá aquello de “que de buenas intenciones está pavimentado el camino al cielo”. Y es cierto, en esto hay mucho de deseabilidad, y las motivaciones por cambiar las fuentes energéticas con que nos calefaccionamos por otras menos contaminantes, o la disposición de un 36% de personas a pagar más por la cuenta de la luz en la medida que sea energía renovable solar o eólica, se toparán con la dura realidad económica y sus prioridades.
Dificultades hay y habrá más. Pero el hecho es que, así como el cambio climático es ya una realidad, también lo es la preocupación y la motivación de las personas por mitigarlo.
Y también lo es el reconocimiento de la sociedad que ante este desafío están alineados y bien orientados los intereses de las empresas, la sociedad y la ciencia. Y que, frente a la crisis climática tenemos la posibilidad de aglutinar voluntades y un espíritu unitario de más largo aliento que por breves momentos experimentamos durante los Panamericanos.
La pregunta que nos hacemos todos, y no es por ponerme pesimista, es ¿qué pasará con la política?
LEA LA ENCUESTA COMPLETA
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