Las tasas de reemplazo actuales no justifican que se destine parte importante del 6% de la cotización extra para subir las pensiones de los actuales pensionados. Un reciente estudio elaborado por David Bravo abre la discusión sobre la forma apropiada de medir las tasas de reemplazo pues muestra que cuando se utiliza el promedio de ingresos de toda la vida laboral, las tasas de reemplazo de los actuales pensionados son considerablemente más altas que las estimaciones presentadas por el Ejecutivo.
La tasa de reemplazo es una medida generalmente empleada para evaluar la suficiencia de las pensiones, es decir, mide qué tanto sustituye la pensión a los ingresos laborales. Para calcularla se necesitan dos datos: el monto de la pensión y un indicador del ingreso laboral de la persona.
Esta última variable es clave, puesto que si se utiliza un ingreso “muy alto” la tasa de reemplazo resultante estará subestimada mientras que si se usa un ingreso “muy bajo” estaría sobreestimada. Así, lo ideal sería estimar la tasa de reemplazo utilizando el ingreso promedio de la persona durante toda su vida laboral (o el período más largo disponible). Sin embargo, en el caso chileno tenemos el problema que, para las personas con períodos muy largos sin cotizaciones, ese promedio de ingresos es muy bajo, con lo cual las tasas de reemplazo dejan de ser informativas sobre la suficiencia de las pensiones.
Desde 2022 a la fecha se han realizado al menos 4 estudios que estiman las tasas de reemplazo de los actuales pensionados, incluido uno realizado por Centro de Políticas Públicas de la Facultad de Economía y Gobierno de la USS. Más allá de la discusión sobre cuál es la mejor forma de medir las tasas de reemplazo, lo relevante es que todos los estudios llegan a conclusiones similares.
Primero, que la entrada en vigor de la PGU cambió sustantivamente el escenario para los actuales pensionados haciendo que sus tasas de reemplazo se incrementen significativamente, llegando a niveles incluso superiores al promedio de la OECD.
Segundo, que las tasas de reemplazo autofinanciadas para pensionados con más años cotizados aún están debajo del estándar OECD.
Tercero, los futuros pensionados tendrán tasas de reemplazo más bajas que los actuales pensionados, particularmente las mujeres, puesto que enfrentarán condiciones más adversas en términos previsionales: menores rentabilidades, mayor longevidad y el impacto de los retiros extraordinarios sobre su ahorro.
A pesar de tener esta evidencia a la vista, el gobierno insiste en que parte importante de la cotización extra del 6% se destine a mejorar las pensiones de los actuales jubilados, cuando todo apunta a que se debiese privilegiar el ahorro individual. No parece sensato seguir dilatando una reforma de pensiones por motivaciones ideológicas que no son justificadas con argumentos técnicos.
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