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Un “Frankenstein” previsional. Por Iris Boeninger, Alejandra Cox y Karol Fernández

Economistas

El sistema previsional debe tener la capacidad de dar respuesta a las futuras prestaciones de los ciudadanos, lo que requiere un entorno político dialogante, exento de juicios y prejuicios, tal de lograr un debate profundo, que exige que el gobierno deje de lado la ideologización en un tema que debe plantearse como un asunto de Estado y no como una confrontación política.


Nada auspiciosas son las indicaciones ingresadas por el Ejecutivo al proyecto de reforma previsional, que lejos de acercar posiciones empeoran al proyecto inicial, y lo convierten en un verdadero “Frankenstein”, -(que trata de un ser creado a partir de partes diferentes de cadáveres, al cual le es otorgada la vida por su creador)- al tomar propuestas de distintos expertos y partidos y aglutinarlos en más de 200 páginas que no tienen mucha coherencia entre sí.

Vamos por partes.

A la cabeza de este “monstruo” está la reorganización de la industria. Aunque la mayor parte del debate técnico y político se ha centrado en el destino de los 6 puntos de cotización extra, hay que tener claro que el centro ideológico de esta reforma viene dado por la separación de la industria, que lleva al término de las AFP tal cual las conocemos hoy, exacerbando el rol del Estado en el sistema previsional.

Bajo la nueva fórmula tendríamos tres actores en la industria: primero, un monopolio licitado por el Estado “estilo AFC” -el Administrador Previsional- que se encargaría de la gestión de cuentas. Esto implica asumir más de 200 procesos que las AFP realizan en la actualidad, que van desde la emisión de certificados, hasta la retención de deudas por pensión de alimentos. Dicho ente no cobraría comisión y sería de costo fiscal (aprox. $150.000 millones). Surge entonces el riesgo de que, en caso de ausencia de oferentes, el Estado asuma esta función.

El segundo son los inversores de pensiones (IP) que se encargarían sólo de invertir los ahorros previsionales, dentro de los cuales se crea el Inversor de Pensiones Estatal “I.P.E S.A” (una especie de “AFP estatal”), con cláusula especial para poder hacer inversiones con empresas relacionadas (estatales), de modo que el Estado entra directamente en el manejo de ahorros previsionales.

El tercero: se crea el Gestor del Fondo Integrado de Pensiones -a cargo de un Consejo Directivo nombrado por el Estado- que se encargaría de la gestión del 4% con fines solidarios, pudiendo licitar la gestión de las inversiones.

El cuerpo, que le da el sustento a la cabeza de “Frankenstein”, es la distribución del 6%, que aplicaría la fórmula 3-2-1: 3% a reparto puro, que sube pensiones de los actuales jubilados a costa de las generaciones jóvenes; 2% a capitalización individual (pero con solidaridad intrageneracional, de modo que sólo 1,4% va directo a la cuenta del trabajador y el otro 0,6% se reparte entre quienes coticen en el mes); y 1% destinado a sala cuna (se trata de una de las partes que claramente pertenece a otro cuerpo) y compensación a las mujeres por su mayor longevidad.

La inclusión del 1% a la sala cuna, que es una buena política por sí misma, no es apropiado resolverlo de manera indirecta, encareciendo el costo del ahorro de los trabajadores formales, pues se incorpora veladamente una reforma tributaria dentro de la reforma de pensiones. Lo que podríamos llamar un engendro.

“Frankenstein” camina gracias a que se le suman piernas mediante la licitación del stock de afiliados, que es una idea que no estaba pensaba bajo la lógica del desmembramiento del sistema actual, sino más bien en fomentar la competencia dentro de la actual organización industrial. Quienes participen de esta licitación tendrán que mantener la comisión ofertada fija por 10 años, lo que es un sinsentido entre privados. Parece ser una fórmula para que el I.P.E. S.A obtenga una parte del stock por 10 años.
No olvidemos los brazos: ambos izquierdos por lo demás, que autorizan el autopréstamo, abriendo una puerta muy peligrosa, que llevó a Perú, por ejemplo, a prácticamente vaciar las cuentas individuales, y que en nada mejora las pensiones.

La creadora de Frankenstein −Mary Shelley, creó al monstruo, además de partes de distintos cadáveres, “con otras características humanas, como la capacidad de pensar, reflexionar y desear ser amado.” Estas características son, ni más ni menos, lo que piden los ciudadanos a la hora de este debate previsional. Ojalá que quienes están a cargo de él tengan claro que este es un proyecto de futuro, y que hasta el momento sólo se está creando un monstruo de las partes más complejas y nefastas.

La torpe ideologización, politiza todo hecho social, donde cada cual está convencido de su creencia. Sería mejor dejar de luchar por vencer, ya que en esta lucha los únicos vencidos seguirán siendo los chilenos a costa de sus pensiones. El sistema previsional debe tener la capacidad de dar respuesta a las futuras prestaciones de los ciudadanos, lo que requiere un entorno político dialogante, exento de juicios y prejuicios, tal de lograr un debate profundo, que exige que el gobierno deje de lado la ideologización en un tema que debe plantearse como un asunto de Estado y no como una confrontación política.

Esperamos sepan las mentes sabias detener al monstruo.

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