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Septiembre 13, 2022

Un nuevo proceso constitucional. Por Mario Waissbluth

Ex-Ante

No temáis, este Jardinero Constitucional no pretende agregar más a los ríos de tinta que han corrido desde el plebiscito en adelante, analizando los dimes, diretes y análisis del mayor cataclismo electoral en décadas. Lo importante ahora es definir un nuevo proceso constitucional, de manera de avanzar a la brevedad posible para establecer las nuevas normas de convivencia entre todos los chilenos.


Para vuestro Jardinero, los principios básicos serían:

  1. Debe haber un proceso, sí o sí. Pésima señal que algunos en la derecha anden echándose para atrás.
  2. El nuevo proceso debe ser más expedito que el anterior. El país no puede bancarse otro par de años de incertidumbre constitucional. Para ello, el número total de constituyentes debe ser pequeño y los plazos perentorios.
  3. El nuevo proceso debe tener plena legitimidad democrática, no puede ser visto como un ejercicio entre cuatro paredes, por mucho que en lo personal me gustaría que un Comité de Expertos que sepan de estos asuntos interviniera de manera rápida, decisiva y con buena técnica legislativa y constitucional.
  4. La encuesta Black and White señaló que un monumental 96% opina que “debiera ser obligatorio que el órgano constitucionalista incluya expertos y profesionales en el tema.
  5. El nuevo proceso debe permitir un espacio de representatividad para los pueblos originarios, siempre que respetemos el principio de una persona un voto. También debe respetar la paridad de género, pero en ambos sentidos. Esto se puede lograr con “listas zebra”: un candidato, una candidata, un candidato, etc… Ahora bien, si en un partido ganan puras mujeres, u hombres, que asi sea. Vox populi, vox dei.
  6. En el nuevo proceso no podemos recaer en la “adoración a los independientes”, abandonando los principios esenciales de la democracia representativa. Los partidos o coaliciones políticas deben recuperar su rol pleno en los asuntos constitucionales, y si quieren invitar independientes o expertos, que lo hagan. También pudieran participar senadores o diputados en ejercicio, con permiso por los seis meses que durará el proceso aquí propuesto.
  7. El resultado final debe ser refrendado por un plebiscito, pero no del 50% + 1 de votantes, lo que arriesga volver a quebrarnos en dos, sino por mayoría nacional de 4/7 de los votantes, en voto obligatorio, lo cual obligará a los nuevos convencionales a llegar a acuerdos relevantes.

Dicho lo anterior, propongo que sigamos un procedimiento similar al de la elección del Senado. Nada que ver con el Senado, sino con los procedimientos electorales, no para elegir senadores, sino constituyentes:

  1. Se elegirán 50 convencionales, en las mismas cantidades que hoy se definen para las circunscripciones senatoriales, lo cual asegurará los adecuados equilibrios regionales.
  2. Serán los partidos políticos los que propongan a los candidatos, en las mismas circunscripciones con que se elige la Cámara Alta.
  3. Habrá una lista nacional única para pueblos originarios. Obtendrán, en adición a los 50 cupos, un número proporcional a sus totales de votos.
  4. Cada partido podrá optar, o no, por incorporar expertos constitucionales en sus listados de candidatos. Dado que las encuestas le dan una enorme mayoría al uso de expertos para la redacción constitucional, será casi suicida para los partidos no incluirlos.
  5. Al igual que en la Convención actual, los constituyentes dispondrán de recursos para contratar asesorías. Sin embargo, estos recursos serían asignados a los partidos políticos en proporción a sus electos, no a cada constituyente individual, con lo cual se optimizarán los recursos humanos y financieros.
  6. Este proceso, para dar inicio, deberá ser confirmado por los 4/7 del Congreso Pleno.
  7. El proceso fijaría un plazo de 2 meses para la elaboración de las listas de candidatos, 2 para la elección, 6 para la elaboración del texto, y 2 meses para el plebiscito de salida. Con ello, en poco más de un año tendríamos nueva constitución.
  8. La ley fijó 120 días para que el Servel califique en definitiva el plebiscito del 4S, y habrá por ello 6 meses antes de una nueva elección de convencionales. Sería mag-ní-fi-co que los partidos designen un grupo de expertos, para que se reúnan extensivamente, revisen todos los textos y proyectos constitucionales, y le entreguen a los nuevos convencionales sus sugerencias y recomendaciones el día mismo en que serán electos.

Por último, hay mucha discusión sobre el “punto de partida”: que si la hoja en blanco, si la constitución actual, la de Bachelet, el texto ya plebiscitado, etc. El Presidente Boric, por ejemplo, ha sido tajante en la tesis de la hoja en blanco. Pero… pero… no le corresponde hacerlo ni definirlo. Una vez que hayamos elegido una nueva convención constituyente, y un grupo de expertos previamente, como en el punto anterior, esta será soberana para adoptar la o las rutas que les parezcan más rápidas y pertinentes.

Presidente: deje que los expertos y los convencionales hagan su pega.

Con respeto “sosi”.

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