En el contexto actual, de alta incertidumbre en los mercados financieros, con correcciones relevantes en los precios de activos e impactos en la valoración de portafolios de buena parte de las entidades financieras, entender el estado de la banca y sus riesgos es crucial.
Uno de los pilares de la teoría bancaria moderna, es el modelo desarrollado por los premios nobel de economía Douglas Diamond y Philip Dybvig (D&D, publicado en 1983). Este provee un marco para comprender las crisis bancarias y la necesidad de que existan mecanismos de protección como el seguro de depósitos (típicamente garantías estatales) y la figura de prestamista de última instancia (a través de un banco central).
¿Qué plantea este modelo? Estructuralmente el negocio bancario surge por la existencia de descalces de plazos entre activos y pasivos. Esto es, la capacidad de un banco de transformar depósitos (pasivos líquidos), que pueden ser retirados en cualquier momento y/o en el corto plazo, en créditos a largo plazo (activos ilíquidos).
Esta estructura descalzada de flujos de entrada y salida haría vulnerable a los bancos a las denominadas “corridas bancarias”, lo que ocurriría cuando muchos depositantes deciden retirar su dinero simultáneamente. Ello, dado que los bancos no mantienen todo el dinero en efectivo para enfrentar sus pasivos de corto plazo, sino que lo tienen invertido en crédito a plazos más largos, lo que podría llevar a una entidad bancaria hipotética a una crisis de liquidez, incluso siendo solvente.
En este contexto, habría dos equilibrios posibles:
Para evitar este equilibrio inestable, los autores proponen la instauración de los seguros de depósitos, ya que si los depositantes saben que su dinero está (total o parcialmente) garantizado, no tienen para qué retirarlos precipitadamente.
Asimismo, un banco central podría proveer facilidades de liquidez en situaciones de stress en su rol de prestamista de última instancia. Este enfoque es el que ha dominado la industria bancaria por décadas en distintos países, donde los esfuerzos han estado orientados a perfeccionar el mecanismo de seguros de depósitos y a contar con bancos centrales autónomos, con una fuerte credibilidad.
Sin embargo, el enfoque de D&D no ha estado exento de críticas. Por ejemplo, en los trabajos del economista Neil Wallace, se destacan tres elementos claves:
La relevancia de este último supuesto es muy crítico en la actualidad, a la luz de las corridas bancarias digitales observadas en marzo 2023 en la banca regional de Estados Unidos. En efecto, las quiebras de Silicon Valley Bank y Signature Bank, entre otros, se vieron amplificadas por la velocidad tecnológica, la interconexión digital y la viralización de rumores en medios y redes sociales.
En lugar de las filas físicas en las sucursales bancarias, hoy los fondos pueden ser retirados instantáneamente o con un click por millones de usuarios concurrentes de manera simultánea en una aplicación o en una página web 24/7.
En este contexto, la posibilidad que hoy en día observemos problemas de fuga de depositantes (incluyendo minoristas, inversionistas mayoristas o institucionales), dado los niveles de incertidumbre y volatilidad es alta. Ni los mejores estándares de gestión de riesgo observados internacionalmente, ni la regulación o supervisión bancaria cuentan hoy con suficientes elementos para abordar problemas de liquidez intraday o en tiempo real (en segundos o minutos).
La última encuesta del BIS (el banco central de los bancos centrales) muestra que los ratios de capital de los bancos internacionalmente activos han mejorado en el margen, con un mejor índice de liquidez de largo plazo (NSFR) y algo peor en liquidez de corto plazo (LCR), con niveles estables de apalancamiento.
A pesar de esta relativa buena posición agregada, es posible advertir riesgos específicos: de los principales bancos globales, los top 4 son chinos y de carácter estatal, de los cuales no se sabe mucho en términos de la calidad de sus activos; en Europa la banca enfrenta un escenario de menor dinamismo en varias economías relevantes (Alemania, Francia e Italia) y en Estados Unidos la asimetría en regulación entre los bancos más grandes y los regionales siempre ponen una nota de cautela. Por ende, hoy no es descartable observar problemas de liquidez en entidades puntuales.
En Chile, la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) recientemente publicó un documento de trabajo donde se aborda la implementación de un nuevo Sistema de Seguro de Depósitos (SSD) con una cobertura anual que iría entre $35 y 62 millones de pesos anuales por persona, con un fondo representando al menos el 2% de los depósitos totales, financiado con primas anuales por el 0,27% de los depósitos totales de cada institución financiera.
Esta cobertura ciertamente apunta en la dirección correcta y dejaría a los depositantes locales más cubiertos ante escenarios de estrés. No obstante, no resuelve completamente los problemas eventuales de liquidez intraday y en tiempo real asociados a corridas digitales, lo que requeriría mecanismos específicos, dada la inmediatez tecnológica con la que se puede gatillar hoy en día un proceso masivo de retiro de fondos en cuestión de minutos.
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