-Esta tarde podría reiniciarse el ciclo de bajas de tasas en Chile, con un recorte de 25 puntos base, y la Fed podría ceder a las presiones de Trump. ¿Qué esperan ustedes en Itaú?
-Esperamos que el Banco Central de Chile rebaje la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 25 puntos base, dejándola en 4,75%, en línea con el consenso del mercado. Esto reiniciaría un ciclo de recortes que ha estado en pausa desde diciembre del año pasado. En contraste, para la Reserva Federal de Estados Unidos, creemos que la actividad y la inflación, en un contexto de elevada incertidumbre, dificultan un recorte antes de diciembre. Ahí nuestra visión difiere de lo que sugieren los precios de mercado.
-¿Sería mal visto que la Fed baje la tasa ahora por los dichos de Trump?
-Más que un problema de intervencionismo, la incertidumbre sobre la intensidad e impacto inflacionario de los aranceles justifica actuar con mayor cautela antes de retomar un ciclo de bajas, considerando que el año pasado se recortaron 100 puntos base. El foco debe estar en la dinámica inflacionaria potencial hacia adelante más que en el ruido institucional.
-Volviendo a Chile, ¿cómo se justifica una baja de tasas en un escenario internacional incierto, especialmente con aranceles de EE.UU. que afectarán nuestras exportaciones?
-La política monetaria actúa con mirada hacia adelante. Se espera que la economía chilena siga creciendo en torno a su potencial, y que la inflación converja a la meta de 3% entre el primer y segundo trimestre del próximo año. Los riesgos externos, como los aranceles, probablemente afecten más a la actividad que a los precios, por lo que puede requerirse un impulso macroeconómico adicional.
-¿Los efectos de los aranceles se verían más en el Producto que en la inflación?
-Sí, la imposición de aranceles en EE.UU. afecta más la actividad que los precios internos. Aún hay mucha incertidumbre respecto a qué aranceles se aplicarán finalmente a Chile. Este ruido afecta decisiones de inversión y consumo, tanto en Chile como en otros países, lo que tiende a frenar la actividad.
-¿Qué expectativas tienen para el mercado chileno en lo que resta del año?
-Estimamos un crecimiento de 2,6% en 2025, algo por encima del consenso (2,3%). Sin embargo, vemos una moderación para 2026, con un crecimiento en torno al 2%. Persisten los riesgos por una recuperación lenta de la inversión no minera y debilidad en el mercado laboral. Este último no ha mejorado al ritmo de la actividad y la tasa de desempleo se mantiene en torno al 9%, por sobre su nivel natural.
-¿Eso indica un desajuste entre crecimiento y empleo?
-Exacto. El mercado laboral ha respondido de forma atípica en este ciclo. La recuperación del empleo ha sido lenta, probablemente debido al alza en los costos laborales que se acumuló en los últimos años.
-¿Cómo evalúan el comportamiento reciente del tipo de cambio?
-Hemos observado una cierta estabilidad, con el dólar entre $940 y $970. Parte de la reciente depreciación del peso responde más al fortalecimiento global del dólar que a factores locales. En particular, los no residentes, que antes estaban neutrales, han retomado posiciones en contra del peso chileno.
-¿Qué proyectan para el dólar hacia fin de año?
-Nuestra proyección es de un tipo de cambio en $930. Esto se basa más en una expectativa de debilitamiento global del dólar -por mayor incertidumbre fiscal y económica en EE.UU.- que en una apreciación fuerte del peso.
–Ignacio Briones ha dicho que las proyecciones fiscales del gobierno a 2029 no son realistas. ¿Qué opinan ustedes desde Itaú?
-Pensando en la dinámica de este año, creemos que los ingresos continuarán recuperándose, pero difícilmente lo harán al ritmo que se requiere para alcanzar la proyección oficial de déficit. Proyectamos un déficit efectivo en torno a 2,0% del PIB, coherente con un déficit estructural bastante por encima de la meta inicial de 1,1% del PIB.
En este contexto, el incumplimiento de las metas fiscales, reflejadas en déficits estructurales por encima de lo comprometido, tiende a erosionar la institucionalidad fiscal. La meta original de balance estructural de -1,1% del PIB este año es desafiante pero alcanzable, siempre que se realice un ajuste aún más significativo al gasto y se apliquen medidas de eficiencia. Más allá del incumplimiento del año pasado y de la discusión en torno a este, la consolidación fiscal en el mediano plazo parece difícil de lograr sin una contención mayor del crecimiento del gasto fiscal.
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