En el último IPOM, el Banco Central mostró con datos lo que el mercado laboral ya intuía: las reformas aprobadas en los últimos años no han logrado el efecto esperado, y, en algunos ámbitos, han contribuido a deteriorar la creación de empleo. Actualmente, la tasa de cesantía alcanza el 8,6% y, en el caso de las mujeres, sobre el 9%. Esto se traduce en unas 425 mil mujeres desempleadas, casi 100 mil más que hace tres años.
El panorama se agrava al observar los despidos por necesidades de la empresa: entre enero y junio se registraron más de 253 mil, la cifra más alta de un primer semestre desde 2020, cuando nos encontrábamos en plena pandemia.
En paralelo, desde 2022 han entrado en vigencia una serie de leyes que buscaban mejorar las condiciones laborales y la protección social: aumento del ingreso mínimo mensual en 1,5 veces entre enero de 2022 a mayo de 2025; la reducción gradual de la jornada laboral a 40 horas semanales; la nueva cotización obligatoria del empleador, que alcanzará un 8,5% de la remuneración imponible y cuya aplicación comenzó con un 1% en agosto de este año; y la implementación de la llamada Ley Karin, que exige a todas las empresas -incluidas las Pymes- contar con protocolos contra el acoso y medidas de prevención.
Si bien estas medidas han mejorado las condiciones laborales de quienes ya están empleados, también ha elevado de manera significativa los costos de contratación, lo que ha frenado nuevas incorporaciones y dificultado el acceso al mercado laboral de aquellos que están en búsqueda de empleo. El resultado ha sido un aumento de la informalidad, una mayor precarización y un impacto negativo sobre el ahorro previsional.
En este escenario, cabe preguntarse: ¿estas reformas han sido un avance o un “salvavidas de plomo”? La respuesta parece ser la segunda. Para revertir esta tendencia, se requiere un cambio de foco: políticas que incentiven la contratación formal, como subsidios y créditos tributarios vinculados a nuevos empleos, fortalecimiento del trabajo part-time, mayor flexibilidad laboral e incluso la discusión de un ingreso mínimo por hora. Porque, en definitiva, no hay una precarización mayor que quedar fuera del mercado laboral.
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— Ex-Ante (@exantecl) September 29, 2025
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