Esta semana empezó con una buena noticia: el crecimiento del PIB de Chile para el segundo trimestre del año había llegado a un 3,1%, lo que, sumado al 2,5 del primer trimestre, augura un crecimiento anual por encima de la cifra promedio del 1,9% que los economistas del FMI le asignan a un país con el nivel de ingresos que hemos alcanzado y que mencioné en una columna anterior. Un indicador que ha sido resaltado por los analistas es la recuperación de la inversión, reflejada en el 5,6% en que creció la formación bruta de capital, algo que no veíamos desde el año 2022.
A estos datos positivos se suma el informe de la Corporación de Bienes de Capital (CBC) sobre proyectos con cronograma aprobado sobre US$15 millones (US$ 5 millones en el caso Inmobiliario) de la semana pasada, cuyas cifras siguen creciendo, trimestre a trimestre, empujadas por inversiones energéticas y mineras, y que ya superan los US$ 74.000 millones para el quinquenio 2025-29.
Son estas noticias, las que han permitido al Ministro Marcel decir que: “Habiendo hecho buena parte de las tareas que asumimos, es ya un momento en el cual uno puede cambiar un poco el ritmo, recuperar ciertas prioridades que a lo mejor las ha dejado rezagadas”.
Es de esperar que ahora se le reconozca la gran tarea que desempeñó en estos difíciles años post pandemia, con una economía sobrecalentada, un déficit del presupuesto fiscal inédito (25%) que había que ajustar y una deuda pública que crecía de año en año. Como lo recordó en su despedida: “2025 va a cerrar con el menor crecimiento de la deuda desde el año 2008. Es decir, en 17 años” .
He escrito varias columnas acerca de la mirada pesimista que vemos en los medios de comunicación (¿good news, no news?) y que se transmite a la opinión pública, postulando que ello se debe a un sesgo político, a la desconfianza que nos caracteriza como nación e incluso a un cierto síndrome maníaco depresivo, que nos diagnosticó hace ya un tiempo el ex presidente del Banco Central, Roberto Zahler.
Lo lamentable es que, independiente de quién gobierne, la mayoría de los chilenos seguimos viendo el vaso medio vacío. Quienes no lo están viendo así, aunque no lo comentan en los matinales, son los avispados espíritus animales, que no se cansan de batir récords con el IPSA, que ya ha superado la barrera de los 8.800 puntos, y que dejan su plata en Chile, ya que la salida de capitales del primer semestre es la más baja desde el año 2017.
Se podrá argumentar que todo lo anterior es producto del posible cambio de signo político que se avecina y que ello ha impulsado las inversiones, etc., etc., etc. Permítanme discrepar: algo de eso hay, pero el hecho central es que Chile ha recuperado la senda de crecimiento que había perdido y, en parte muy significativa, ello se debe al ministro Marcel.
Aún recuerdo cuando Chile era la estrella emergente en los 90 y alguna prensa se permitía hablar de “la tambaleante competitividad chilena”, haciendo comparaciones con nuestros vecinos que subían en los rankings del Foro Económico Mundial (WEF) desde los lugares secundarios que ocupaban mientras Chile bajaba de los lugares de avanzada.
También recuerdo “El Desalojo”, un libro polémico a propósito de los mejores 20 años de la economía chilena o cuando se hacían, y aún hacen, comparaciones con el empuje agrícola y minero del Perú versus la inercia nacional. O que se celebran los éxitos de Milei y su motosierra frente a la frondosidad e inoperancia del aparato estatal de nuestro país.
Como dato mata relato, quisiera compartir un cuadro que muestra el PGB per cápita de Chile en igual poder de compra (PPP), respecto de algunos países desarrollados que admiramos o a los que queremos alcanzar.
Si miran las cifras con atención, el crecimiento económico que hemos tenido en los últimos 35 años es simplemente espectacular. ¡¡¡Triplicamos el per cápita en moneda constante en 35 años!!! Pocos países pueden mostrar este desempeño. Salvo Corea del Sur, el resto no se acerca a los resultados de Chile para el periodo 1990-2024. Lo lamentable es que la gran mayoría de los chilenos no conoce esta verdad, y en esa tarea de difusión, toda la prensa, la academia y sobre todo los actores políticos están en deuda. La mezquindad no puede
Imponerse siempre.
A pesar del estallido y sus secuelas, de la pandemia y sus efectos, y de la ausencia del notable Mario Marcel al cuidado de la economía, Chile sigue siendo la esperanza de América Latina para alcanzar el desarrollo. Seguramente sentiremos su ausencia. Sin embargo, de nosotros, todos juntos, depende seguir adelante. Vamos que se puede.
Un aplauso al extractivismo. Por José Manuel Silva. https://t.co/dYZ1Q162BS
— Ex-Ante (@exantecl) August 22, 2025
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