-Usted está en Mercado Libre desde el comienzo. ¿Cómo ha visto evolucionar el rol de la tecnología dentro de la compañía?
-Llegué al equipo antes de que Mercado Libre saliera al aire. Me sumé en mayo de 1999 como primer abogado y hoy lidero el equipo de legales y asuntos públicos de toda la región. Eso también permite ver claramente cómo evolucionó la compañía. Mercado Libre hoy es, a diferencia de lo que muchos creen, una compañía de tecnología. Tenemos el mayor ecosistema de comercio electrónico y fintech de la región, pero detrás de todo eso hay desarrollo tecnológico propio.
Detrás de cada paquete que llega a una persona hay una aplicación, sistemas, software, desarrollo interno. Más allá de que físicamente alguien ponga un producto en una caja y ese paquete llegue en un camión, lo que permite que todo funcione es tecnología.
-En Chile, Mercado Libre tiene una base de desarrolladores bastante menor que en otros países de la región. ¿Qué le ha faltado al país para capturar más de esa industria?
-Más que hablar de lo que le ha faltado a Chile, hay que mirar qué tuvieron los otros países para que nos instaláramos ahí. En distintos casos hubo políticas públicas que se convirtieron en políticas de Estado para fomentar la industria del conocimiento. El caso emblemático es Argentina, que en 2004 sacó la ley de software para exportadores de servicios software y después la amplió hacia la ley de economía del conocimiento.
Esa normativa daba beneficios a las empresas que contrataran gente y generaran exportaciones. No era un subsidio, sino un beneficio vinculado a mejores condiciones en la tasa del impuesto a la renta o en los aportes patronales a la seguridad social, siempre que se cumplieran ciertos requisitos. Eso hizo que en Argentina montáramos nuestro centro de desarrollo de software. No fue solo por el talento argentino, porque talento hay en toda la región, sino por esas condiciones. Y hoy esas condiciones también las tienen Colombia, Brasil y Uruguay.
-¿Entonces el punto central pasa por incentivos tributarios?
-Sí. Cuando comparas el sueldo de un programador en esos países con el de uno similar en Chile, el chileno es más caro. Entonces faltan incentivos para que Chile sea competitivo frente a otros mercados. La ley argentina es un buen ejemplo porque reduce la tasa de lo que pagas por impuesto a la renta y también la contribución de la empresas a la seguridad social. Pero para acceder a eso tienes que cumplir requisitos: exportar economía del conocimiento, cumplir normas ISO, no reducir tu plantilla, invertir en investigación y desarrollo.
Eso puso a Argentina en el mapa mundial del desarrollo de software y la economía del conocimiento. Después de más de 15 años, ese sector se convirtió en el tercer complejo exportador argentino y emplea a más de 300 mil personas. Si Chile replicara algo así, sin duda Mercado Libre y cualquier empresa que quiera invertir en desarrollo de software miraría a Chile como un país competitivo con el resto de la región.
-Pero hay una condición importante que es la formación de capital humano…
-Exactamente. Para mí es fundamental que esta política de incentivos esté acompañada de una política educativa. Porque si no formas a los profesionales necesarios, puedes generar un problema distinto. Eso pasó en Argentina en algún momento: hubo una masividad de empresas que se instalaron o crecieron y empezó a faltar gente. El país se volvió deficitario en desarrolladores. Entonces, si combinas incentivos con formación, puede ser un combo muy exitoso.
-Ahí aparece una crítica frecuente en Chile: que no hay suficiente conexión entre universidad y empresa. ¿Cómo se mejora esa relación?
-Muchas veces el Estado o alguna institución pública puede cumplir un rol articulador. Lo que vemos es que en muchos casos los programas de ingeniería en sistemas y carreras afines vienen atrasados respecto de lo que necesita hoy el mercado. Hay mallas que responden a otra época y hoy la tecnología cambió radicalmente, con inteligencia artificial y nuevas demandas.
Además, muchas veces son carreras largas, de cinco o seis años, y los jóvenes terminan saliendo con una formación que no se condice con lo que buscan las empresas en 2026 o 2027. Eso genera frustración en los profesionales, porque no consiguen trabajo, y también obliga a las empresas a gastar mucho dinero en formarlos después. Por eso creo mucho en la articulación público-privada, en que los currículos se hagan en función de lo que necesita el mercado, porque las empresas son las que ven con más anticipación hacia dónde van las cosas.
-¿Cuál es hoy la visión de Mercado Libre sobre Chile?
-Chile tiene una gran oportunidad para ponerse a la par de otros países de la región que ya tienen estos regímenes de incentivos. Nosotros venimos creciendo en el país, en el negocio y en la plantilla. Pero no quiero pensar esto solo en clave Mercado Libre. Lo importante es mirar la industria y el país.
Este tipo de políticas puede beneficiar al ecosistema completo: a pymes, empresas medianas, empresas grandes y a nuevas inversiones que evalúen dónde instalarse. Que una empresa mire a Chile y diga: aquí encuentro talento, gente capacitada, incentivos y condiciones competitivas.
Nosotros venimos invirtiendo incluso sin esos incentivos, porque tenemos una visión de largo plazo para Chile. Por eso anunciamos la mayor inversión de la historia de la compañía para un año en el país, US$ 750 millones para 2026. Estamos muy confiados en que Chile tiene las condiciones y la oportunidad para hacerlo.
-Usted menciona que es el momento en que Chile de los incentivos claves para desarrollar un mercado de exportaciones de servicios ¿Cómo?
-Todo lo que está pasando con inteligencia artificial abre un momento especial. Si Chile es inteligente y establece un marco que dé certeza jurídica y certeza para la inversión, puede crecer exponencialmente en esta industria. Hoy eso es una oportunidad real. Y además escuchamos al Presidente José Antonio Kast y a los ministros decir que tienen esa visión para el país, por lo que hay una base para avanzar en esa dirección.
-Usted participó de la experiencia argentina. Si tuviera que hacerle recomendaciones a Chile, ¿cuáles serían?
-Primero, tener una visión amplia. En Argentina empezó como ley de software, pero rápidamente ese concepto quedó chico. Por eso hoy se habla de economía del conocimiento, donde se incluyen muchas actividades que usan la tecnología como columna vertebral de sus procesos productivos. Segundo, acompañarlo con una política educativa que forme a los profesionales que la industria necesita. Tercero, sentar a todos los sectores involucrados en una misma mesa. Muchas veces los Estados regulan según lo que creen que debe hacerse, pero sin escuchar a todas las partes, y entonces terminan con una regulación que no es del todo positiva.
Es importante una mesa multisectorial donde se escuchen las necesidades y después el Estado defina cómo implementarlo. Y, finalmente, que la política pública se convierta en política de Estado, que trascienda gobiernos y se mantenga durante años. Cuando eso ocurre, la economía del conocimiento se transforma en uno de los pilares productivos del país.
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