La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa lejana para transformarse en una herramienta concreta que ya está cambiando la manera en que funcionan las organizaciones en Chile y en el mundo. Hoy está presente en el día a día: desde algoritmos que personalizan la oferta en el comercio electrónico, hasta sistemas que optimizan turnos en plantas productivas, gestionan citas médicas o detectan anomalías en transacciones bancarias.
Las cifras muestran la magnitud de esta revolución. Se estima que el mercado global de IA superará los 300 mil millones de dólares en 2025, con un crecimiento cercano al 37% anual. Dos de cada tres empresas a nivel mundial planean aumentar su inversión en esta tecnología durante este año. En la industria tecnológica, los presupuestos destinados a IA han subido en torno al 40% interanual. Compañías como Microsoft, Alphabet y Nvidia han visto dispararse su valorización bursátil gracias a su apuesta estratégica por esta disrupción.
Como ocurrió con internet, los teléfonos inteligentes o la computación en la nube, nadie anticipó completamente el alcance del cambio. Lo que la historia sí demuestra es que las organizaciones que se atrevieron a innovar primero alcanzaron posiciones de liderazgo. Hoy, la IA y más recientemente la IA generativa y los agentes de IA abren una oportunidad similar, y el desafío es no quedarse atrás.
En Chile, ya vemos ejemplos incipientes del uso de agentes de IA: bancos que utilizan modelos de IA para anticipar riesgos de crédito y fraudes y tomar acciones; empresas de retail que la aplican en la personalización de la oferta; mineras que optimizan la productividad de sus contratistas; y centros de salud que la incorporan en la gestión de pacientes. La oportunidad no es teórica, es práctica y cercana.
Pero aprovecharla requiere claridad estratégica. Más allá del entusiasmo, las preguntas que deberían hacerse directorios y gerencias son concretas:
El futuro empresarial no se definirá solo por quién acceda a la IA, sino por quién sepa formular las preguntas correctas y actuar a tiempo. Como escribió Jorge Wagensberg: “Cambiar de respuesta es evolución. Cambiar de pregunta es revolución”.
En un país donde la competitividad empresarial depende crecientemente de la innovación, la IA no es solo una opción: es un imperativo estratégico. Los líderes que se atrevan a preguntar distinto serán los protagonistas del nuevo escenario empresarial.
Musk vs Altman por la Inteligencia Artificial.https://t.co/EtA0EtxvIV
— Ex-Ante (@exantecl) August 15, 2025
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